Por Alejandro Basulto
3 marzo, 2021

Utilizando materiales provenientes de un vertedero, Érika junto a su madre y su hermana mayor levantaron esta infraestructura en una ocupación irregular en el municipio de Coelho Neto, donde esta joven profesora ayuda a sus vecinitos a aprender.

Cerca de una ocupación irregular en el municipio de Coelho Neto, en el interior de Maranhão, en Brasil, vive una niña de 12 años junto a su familia, quienes sustentan su diario vivir con el vertedero que se encuentra al costado de su humilde residencia. Ahí, su mamá, Doña Dorizete, y el yerno de esta última obtienen sus ingresos del hierro y las latas que recolectan para vender. Mientras que al mismo tiempo, esta pequeña que se llama Érika, dedica sus tardes a enseñarle a niños más chicos que ella, en una choza de barro que improvisó como escuela.

Neyara Pinheiro / Youtube

Fue con varios materiales extraídos del vertedero vecino, que con ayuda de su madre y su hermana mayor, Eva, que Érika logró levantar lo que sería su espacio de enseñanza y aprendizaje en medio de un terreno baldío y rodeado de desechos. Un improvisado e informal establecimiento educativo que tiene como nombre “Escuela de la Esperanza” y como lema “La esperanza es lo último en morir y todos los niños tienen derecho a estudiar”. Ahí vienen pequeños de todas las edades a aprender de esta joven profesora.

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En el aula Érika es una profesora experimentada más, utilizando la pizarra como si llevara varios años en el ejercicio de la profesión. Una niña que es consciente de las injusticias, desigualdades y pobrezas que hay en el mundo, naciendo así su escuela.

Neyara Pinheiro / Youtube

Sin embargo, fuera de ella es otra pequeña más del montón, que se divierte tomando un libro para leer y llamando a otros niños para salir a jugar o simplemente improvisar con cualquier cosa que les divierta durante un buen tiempo. Todo nunca olvidando las injusticias que quiere corregir, ante las que sueña con ser abogada.

“Mucha gente está muy agraviada. Luego dicen: ‘ni siquiera podemos correr tras ellos, porque la cuerda siempre se rompe en el lado más débil’. Quiero que la gente ya no piense así. Pero hágales saber que algún día tendrán una persona que los defienda”

– dijo Érika a Neyara Pinheiro

Neyara Pinheiro / Youtube

Mientras tanto, Érika seguirá en su humilde choza realizando clases a los niños más pequeños del sector, para que no se queden atrás en sus estudios. Al mismo tiempo que ella también vive en una casa de barro, como muchas de la zona de ocupación, que con sus pocos muebles, electrodomésticos y goteras cuando hay lluvia, no impide que esta niña pueda soñar con futuro mejor para ella y todos sus amiguitos.

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