Por Diego Aspillaga
10 agosto, 2020

Cuando Sette Buenaventura, de 26 años, comenzó a sentir un dolor en una de sus piernas, pensó que sus músculos se quejaban por tanto estar de pie en la sala de urgencias. Nunca imaginó un tumor.

De todas las personas golpeadas por la pandemia de coronavirus, los trabajadores de la salud han sido los que se han visto más afectados por esta tragedia sanitaria.

Y es que aparte de tener que poner sus vidas en riesgo todos los días y enfrentarse cara a cara con la peligrosa y contagiosa enfermedad, estos valientes soldados deben pasar largos turnos en la llamada “primera línea” de defensa contra el virus para poder salvar la mayor cantidad de vidas posible.

OMS

Esto, sumado con su incesante vocación de servicio, hace que muchos doctores, enfermeras y otros trabajadores de la salud sacrifiquen su propio bienestar por el bien de los demás, ya sea voluntariamente o de forma accidental por todo el trabajo, el estrés y la caótica situación.

Esto fue lo que le sucedió a Sette Buenaventura, una enfermera británica de 26 años que ignoró un dolor en una de sus piernas por varios meses en los que estaba trabajando en el hospital, lo que al final terminó costándole muy caro.

Buenaventura trabajaba turnos de 12 horas en el Salford Royal Hospital en Greater Manchester y asumió que el dolor que sentía era un calambre, el resultado de estar de pie todo el día mientras trataba a los pacientes, publicó Unilad.

Sette Buenaventura/Cater News

“Cuando comenzó el COVID-19, trabajamos a fondo, no tuvimos tiempo para preocuparnos por los dolores y molestias. Estuvimos allí cada hora para ayudar a cualquiera que nos necesitara y me gustó mucho ese nivel de compromiso”, dijo.

Así es trabajar en los hospitales: te olvidas de tus propios dolores porque estás ocupado ayudando a otras personas, lo cual me encanta hacer, pero todo tiene un costo“, agregó.

La joven se encogió de hombros ante los dolores parecidos a los calambres porque “no tenía tiempo para preocuparse por los dolores y molestias” cuando tenía pacientes que cuidar y solo se lo revisó cuando comenzó a tener dificultades para caminar. Desgraciadamente, ya era demasiado tarde.

Sette Buenaventura/Cater News

Después de una resonancia magnética, los médicos le dijeron a Sette que tenía un sarcoma en la pierna derecha. Solo dos semanas después, el tumor había crecido hasta el tamaño de una pelota de golf y le dijeron que la única forma en que podría sobrevivir sería que le amputaran la pierna.

Sette dijo que “nunca esperó” que le sucediera algo así, sobre todo porque trabaja en el sector de la salud, y agregó que “hace lo mejor que puede” para mantenerse saludable y cuidarse a sí misma.

“Cuando me dijeron que me tenían que quitar una pierna, me molesté mucho”, dijo la enfermera de Eccles. “Pero como no tenía tiempo para pensar en ello, simplemente seguí adelante, sabiendo que no tenía otra opción”.

Sette Buenaventura/Cater News

“No puedo mirarme en el espejo ahora y no quiero hacerlo porque es demasiado reconocer que lo que estoy viendo en el espejo es mi nuevo yo”, afirmó emocionada.

Esta dedicada enfermera ahora ha sido equipada con una prótesis de pierna y espera volver a trabajar en noviembre. Sette, que ahora no tiene cáncer, dijo que quiere que la gente aprenda de su experiencia.

Ahora está instando a cualquiera que tenga algún “dolor persistente” a que lo revisen, y agrega: “Si hubiera captado esto antes, probablemente ahora estaría en una posición diferente”.

Sette Buenaventura/Cater News

Esta mujer, al igual que tantos otros trabajadores de la salud, puso el bienestar de los demás por sobre el suyo y si bien salió muy afectada, está lista para hacerlo todo de nuevo.

Eso sí es vocación.

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