Por Pamela Silva
2 octubre, 2017

«‘No puedo oírla llorar, ¿qué está pasando? ¿Por qué no está llorando?’», decía Bex

Los embarazos nunca son sencillos, algunos son más llevaderos que otros pero eso no implica que no existan problemas. Posiblemente, lo que más preocupa a los padres cuando se enfrentan a la llegada de sus hijos es el pensamiento de las enfermedades y complicaciones que podría tener durante el embaraza y el parto.

Bex y Martin Forrest tuvieron la desgracia de ser uno de esos padres a los que le toca un embarazo más que difícil. En 2015 cuando la madre estaba dando a luz a su hija en el Hospital Real de Gloucestershire no oyeron lo que todos añoran oír: el llanto de la pequeña.

“Cuando la habían sacado, yo seguía diciendo: ‘No puedo oírla llorar, ¿qué está pasando? ¿Por qué no está llorando?’”.

-Bez Forrest.

Facebook Bex Forrest

La pequeña había nacido sin signos vitales, aún así los médicos comenzaron el proceso de reanimación apenas nació y durante ocho agónicos minutos nada ocurrió, hasta que fueron capaces de detectar un latido y en los tres minutos siguientes su corazón logró estabilizarse.

Pero los problemas no terminaron ahí, durante días la pequeña tuvo que estar en el hospital y someterse a varias terapias para evitar daño cerebral. Uno de esos procedimientos fue la “terapia de frío”, estando la pequeña en una incubadora bajaron su temperatura corporal a los 33 grados, en vez de los 37 normales de las personas.

Facebook Bex Forrest

El frío hace que el cerebro deje de pedir oxígeno al corazón cuando este no responde, lo que impide que se generen problemas neurológicos.

“Cuando el cerebro está hambriento de oxígeno, el daño es como que un fuego continuo quemara en la cabeza. Al enfriar a todo el bebé de inmediato, simplemente deja de ocurrir y evita cualquier daño adicional”.

-Martin Forrest.

Facebook Bex Forrest

Hoy la niña tiene dos años y medio y es una pequeña muy sana y feliz.

Puede interesarte