“Muchos no dicen ni una palabra porque están avergonzados”.

¿Te ha pasado que piensas que eres la única (o el único) haciendo algo, hasta que lo comentas y todos “confiesan” que hacen lo mismo? Es una sensación de alivio. Claro que en el caso de Katherine Gibson, no la dejó tranquila: se dio cuenta de que casi todos sus colegas profesores debían lidiar con el mismo problema: alimentar a niños que no recibían suficiente comida en sus casas.

La maestra vive en el estado de Oregon y subió una foto a Facebook para ilustrar cómo ella y sus compañeros de trabajo van más allá de la labor de enseñanza y se preocupan del bienestar de sus pupilos.

Katherine cuenta que mantiene siempre un gabinete con comida en su salón, y que pensaba que era la única hasta que lo comentó con sus compañeros.

No solo los profesores de planta, sino que también los substitutos y los administrativos de la pequeña secundaria en que trabaja tienen siempre comida a la mano para poder ayudar a sus estudiantes.

Facebook.

“Somos los profesores de tus hijos. Sabemos que podemos pasar más tiempo con ellos que tú.

No queremos que pasen hambre, y no porque un niño con hambre no pueda aprender, sino que porque nos importan. El hambre asusta.

Casi todos los profesores que conozco tienen una gabinete en su salón con comida de emergencia para sus estudiantes. Este es el gabinete que comparto con otra profesora, Julie Mack. Los niños llegan a nuestro salón todos los días diciéndonos que tienen hambre. Muchos más no dicen ni una palabra porque están avergonzados y depende de nosotros darnos cuenta que están distraídos, cansados o gruñones.

Los profesores hábiles y empáticos aprenden a preguntar si hay comida en la casa o cuándo fue la última vez que comieron. Y los que son muy hábiles saben cuándo hacer un sándwich extra, tomar una naranja, hacer una bolsa de palomitas de maíz o un bol o avena, y ponerlo frente a un estudiante diciéndole que lo coma.

Y SÍ, ese es un jarrón de mantequilla de maní. Nunca ha sido un problema”.

El texto de Katherine pone en evidencia la dificultad que tienen muchas familias en Estados Unidos (y en otros países) para poder brindar alimentación a sus niños, un problema que -en ese país- se soluciona a través de programas de subvención de almuerzos.

¿Qué opinas? Por un lado es bueno saber que los profesores se preocupan de muchas cosas más que de enseñar un par de fórmulas matemáticas (estoy segura de que es así), y por otro es una pena que ellos deban dar solución a un problema tan grave como lo es un niño que no se alimenta adecuadamente.

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