Por Alejandro Basulto
27 junio, 2019

Dormía en su auto en un estacionamiento de Walmart y se duchaba en algún campus antes de ir a clases.

Ser pobre y sacar una carrera universitaria es ya difícil. Ser pobre e indígena, con todo el choque cultural que aquello conlleva, es aún más difícil. Pero ser pobre e indígena y sacar un doctorado, eso es definitivamente una hazaña de otro nivel. Y en la que su protagonista tiene nombre y apellido: Dakota Kay, quien a sus 26 años puede decir que es un doctor en terapia física, y busca animar a otros nativos a lograr lo mismo.

«Estamos en desventaja (…) No tenemos tanta suerte como otras personas, pero esa no es una excusa lo suficientemente buena. Así no es como funciona el mundo por desgracia. Puedes sentir pena por ti mismo, pero el mundo no va a sentir pena por ti»

– explicó Kay para InsideEdition.com.

Facebook Dakota Kay

Él creció en la Nación Navajo en Kayenta, Arizona, y vivió ahí toda su vida, junto a sus hermanos y primos. Agradeciendo tener a sus dos padres, quienes tuvieron dos trabajos en caso de la mamá y uno que contemplaba todo el día en caso de su papá. Kay le debe mucho al esfuerzo de sus padres.

Creció y estudió en una realidad en que pocos de sus amigos iban a la universidad, y que quienes iban, no se graduaban. Y más raro aún era ver a nativos americanos terminando algún posgrado. Pero él quería sacar un doctorado en terapia física y nada lo iba a detener.

Así Dakota realizó su licenciatura en Fort Lewis College, solicitando todas las becas y subvenciones posibles. Pero no podía financiar un dormitorio. Tampoco quería pedir un préstamo tras conocer a muchas personas gravemente endeudadas, ni tampoco podía pedirle dinero a sus padres.

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Fue así que durante tres veranos, en su estancia en la universidad, durmió en la biblioteca. Se bañaba en varios lugares del campus y cuando tenía suerte, alojaba donde un amigo.

Y todo se puso aún más difícil cuando cuando fue a su sacar su doctorado en la Southwest Baptist University, en Missouri. No le fue bien con las becas, pidió un pequeño préstamo para financiar la matrícula y no tenía dinero para la comida, vivienda y las duchas

“Hubo un momento en el que estaba tan triste y lloré y estaba totalmente perdido. No sabía qué hacer»

– dijo Dakota.

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Pero siempre siguió adelante con su plan. Le pidió a sus padres el auto prestado para dormir en el asiento trasero, además de solicitar unos consejos a sus hermanos para vivir en el frío. Encontró un lugar seguro en un estacionamiento de Walmart y pasó ahí muchas de sus noches.

Durmió en un estacionamiento, en la biblioteca y en una iglesia, pero no se rindió. Y rindió frutos: se graduó con un doctorado en terapia física. Ahora está de vuelta en la Nación Navajo, preparándose para los exámenes adicionales y solicitando algún puesto de trabajo en el India Health Service.

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