Por Felipe Costa
6 abril, 2021

Gabriel Gutiérrez Ramírez, o más conocido como el Fray Ñero, entregó su vida por ver hecho realidad su gran proyecto humanitario ayudando a los más pobres. Creía que la verdadera fe se vivía en la calle, obrando con humildad sin excluir a nadie, ya sea por su raza, religión u orientación sexual.

La actual pandemia de coronavirus no solo ha sido un suceso mundial que hemos tenido que lamentar por las libertades que tenemos restringidas, sino por sino también por los decesos de aquellos que tenían toda una vida por delante. El virus puede llevarse a cualquiera y por desgracia, esta vez fue el turno del reconocido sacerdote, el Fray Ñero, la esperanza de las personas sin hogar y los desvalidos, informa Vatican News.

Fundación Callejeros de la Misericordia

“El ángel de los habitantes de la calle”, ese fue su apodo durante años en la calles de Bogotá, Colombia, puesto que su gran proyecto humanitario estaba centrado en tender una mano a aquellos que lo habían perdido todo. Gabriel Gutiérrez Ramírez, se contagió de COVID-19 y regresó a casa de sus padres, donde batalló por dos semanas antes de partir.

“Jamás abandonaremos los templos humanos”, es la frase con la que se le conocía, siendo un fiel seguidor de las enseñanzas del papa Juan Pablo II, creía fervientemente que la fe debía vivirse en las calles, con el pueblo.

Fundación Callejeros de la Misericordia

Ayudaba a quien lo necesitase y estuviera dispuesto a tender su mano, no importaba si fuese cristiano, judío, musulmán o ateo, el Fray Ñero ejerció siempre desde la inclusión, ganándose un respeto incluso entre las comunidades LGBT,  de trabajadores sexuales, artistas callejeros e inmigrantes, el era uno más de los habitantes callejeros, pues su día a día eran las diversas realidades del mundo.

Sus colegas dicen que a él no le gustaba que le dijeran “ángel”. No es un apodo que él mismo se haya querido poner, sino que lo eligieron las mismas personas en situación de calle. No solo se encargaba de alimentarlos o conseguirles refugio, también se transformó en un sanador de todos los que no podían acceder al servicio de salud.

Fundación Callejeros de la Misericordia

La crianza del Fray Ñero fue el detonante de que ofreciera su vida al servicio. Nacido en una familia numerosa de escasos recursos, Gutiérrez comenzó de pequeño trabajando junto a su padre y estuvo en contacto con las miserias de la calle desde joven.

Fundación Callejeros de la Misericordia

Convertido en sacerdote, además de intentar asistir y rehabilitar a vagabundos, trabajó combatiendo el narcotráfico sin miedo a represalias. Tenía un respeto ganado en Bogotá que imponía solo con palabras y actos de amor, jamás incurriendo a la violencia, lo que le permitió volver a encaminar a varias personas en una mejor vida.

Hoy, desde el Vaticano, despiden al Fray Ñero con dolor pero mucha esperanza, tranquilos de que su proyecto humanitario continuará en los barrios colombianos por sus aprendices y colegas sacerdotes que honrarán de la mejor forma su gran obra.

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