Por Luis Lizama
2 octubre, 2019

Jaime, de 16 años, fue diagnosticado con parálisis cerebral y sólo puede moverse gateando. Usa guantes y rodilleras para evitar el dolor.

Si quieres, puedes. Siempre buscamos excusas para postergar nuestros deberes, que hace demasiado frío, mis zapatillas no están a la moda o cualquier cosa que se nos ocurra. Claro, no valoramos que por último tenemos la oportunidad de hacerlo. Mientras nosotros postergamos aquello, otros lucha diariamente para conseguirlo, contra todo.

Este chico de 16 años gatea más de 2 kilómetros a diario para llegar hasta su escuela. Sufre de parálisis cerebral y no puede caminar ni mantener el equilibrio. Con guantes y rodilleras, se arrastra para ir a estudiar.

 

La Prensa

Lamentablemente cada día nos cuentan de historias de superación, de esfuerzo y que contra todo pronóstico, alguien logra lo que debiese ser normal.

Jaime Pérez es un chico de Morazán (El Salvador), que a sus 3 meses de vida fue diagnosticado con parálisis cerebral. No podría moverse con normalidad. Hoy tiene 16 y claro, se mueve con dificultad y de caminar imposible. Su vida no ha sido fácil, si su enfermedad ya es una piedra en el camino, a eso hay que sumarle la pobreza. 

Cualquiera pensaría que de esa manera es imposible, tendríamos la excusa para no hacer nada, para echarnos a morir, pero Jaime no piensa lo mismo. 

La Prensa

Su familia no tiene recursos para pagarle un tratamiento ni tener vehículos, todo lo contrario. Él sabe que debe ayudar a su familia y por eso ha decidido ser profesional.

Como no tiene fuerza en las piernas y no puede mantener el equilibrio, gatea diariamente hacia su escuela, donde es recibido con un vasito de agua para calmar la sed y el cansancio.

La Prensa

“Mi mayor deseo es poder ir a la escuela sin tener que arrastrarme. Mi pasión es el estudio y ya puedo leer y cuando este más grande quiero trabajar en un banco y poder ayudar a mi mamá y hermanos para que ellos ya no trabajen y yo pueda mantenerlos»

Comentó Jaime al volver de la escuela, para La Prensa.

Jaime está en segundo grado del Centro Escolar Colón, a dos kilómetros de su casa. Se levanta a las 5:30 de la mañana y sale a las 6:15 para llegar una hora más tarde. Cada día demora una hora de ida y otra de vuelta, gateando. 

Anhela tener una silla de ruedas eléctrica.

«Mis hijos trabajan y yo también, es por eso  que solo se va para la escuela, ya que nosotros no lo podemos ir a dejar. Le regalaron una silla de ruedas, pero solo la usa cuando mis hijos no van a trabajar, ya que sólo así lo pueden ir a dejar porque hay que empujarlo»

Relató Matías Luna, la madre de Jaime, a La Prensa.

Es una lástima que, lo que para algunos sea algo tan sencillo como caminar, para otros sea un anhelo.

Jaime sueña con moverse solo y ayudar a su familia, tanto así que se esfuerza, le va bien en los estudios y está juntando dinero junto a uno de sus compañeros: todo para comprar la deseada silla. 

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