Por Alejandro Basulto
27 febrero, 2020

Cuando el pequeño le preguntó: “Señor Peter, ¿puedo llamarlo papá?”, comenzó a llorar incontrolablemente.

Peter es un papá de aquellos. Uno que lo es por vocación. Tanto así, que previo a conocer al hijo suyo que es el protagonista esta historia, empezó yendo a hogares de niños sin familia. Iba para allá a cuidarlos. Llegó a cuidar dos hermanos, de cuatro y 10 años, en un programa de acogida, en el que se convirtió en su familia de forma temporal.

Peter M

Según sus propias palabras, habían cambiado su vida y su compresión sobre cuánto una persona podía amar a otro ser humano. Los apoyó en todo lo que pudo, incluyendo a sus padres biológicos, durante los siete meses en en que él estuvo a cargo de esos pequeños. Hasta que el Tribunal de Familia decidió que volvieran con su familia original.

“Había pasado muchas horas de entrenamiento para obtener la licencia como padre adoptivo, pero ninguna de las instrucciones me enseñó cómo despedirme de estos niños que poseían una gran parte de mi corazón. El posterior viaje de una hora a casa se mezcló con las emociones”

– contó Peter a Love What Matters.

Peter M

Emocionalmente se sintió quebrado. Pero cuando pensó lo maravilloso que era que esos niños pudieran volver a casa con sus padres, se llenó de alegría. Hasta que cuatro días después recibió una llamada. Era de su asistente social, preguntando si quería acoger a un niño de 11 años por solo el fin de semana. Se sintió dudoso, estaba entristecido, sin energías. Necesitaba tiempo para llorar. Pero lo terminaron convenciendo.

Peter M

Se trataba de Anthony. Un niño que a los dos años había ingresado al sistema de adopción. Y que fue adoptado cuando tenía cuatro años, por una familia que tenía ya a otros dos niños adoptados mayores que él. Seis años después finalizaron la adopción de Anthony, sin saberse todavía bien las razones. Lo fueron a dejar aun hospital donde fue ingresado y ellos desaparecieron.

“Nunca volvieron a recoger al hijo que los llamó mamá y papá durante tantos años. Todas las promesas de una familia para siempre fueron arrojadas por la ventana y este niño se quedó solo, abandonado, asustado y aplastado emocionalmente. Lo peor de todo es que no sabía cuándo o si volverían a por él porque no estaba en el plan que organizaron para abandonar a su hijo”

– relató Peter.

Peter M

En un principio, este papá por vocación, decidió que si le pedían más días con el niño, se iba a negar, por temor a apegarse con él. Llegó Anthony, y Peter le dijo que le podía llamar “señor Peter”, y 20 minutos después el pequeño le preguntó si podría llamarlo “papá”. Eso según él no era típico, debido a que muchos niños en la misma situación tienden a recordar que uno no es su padre y que “nunca lo será”.

Peter M

Pero su relación era diferente. Eso sí, ante la pregunta de este niño, su respuesta inmediata fue: “¡No! ¡No! ¡No!” y le recordó que solo estaría dos días con él. Y así llegó el lunes por la mañana la asistente social, que venía a buscar al niño. Ya sabiendo que Anthony se iba, le preguntó sobre su vida. Se conmocionó. No podía creer lo que escuchaba.

“Esto rompió mi corazón en un millón de pedazos. ¿Cómo podría un ser humano, mucho menos un niño, ser abandonado de esa manera? ¿Cómo podrían simplemente alejarse después de todos estos años sin anhelar verlo o escuchar su voz nuevamente? Mientras estaba sentado allí llorando impotente, pregunté: ‘¿A dónde lo llevarán?’ Me dijeron que no había miembros de la familia para contactar y que no había hogares de acogida disponibles en ese momento, por lo que él abandonaría mi hogar y se iría a un hogar grupal. No había forma de que dejara que eso sucediera”

– contó Peter.

Peter M

Además el pequeño Anthony le llamaba “papá”, así que tenía que hacer algo. Por eso le pidió a la trabajadora social un permiso para poder inscribirlo en la escuela al día siguiente. Ella le preguntó muchas veces si estaba seguro, pero más no podía estarlo. Ambos lloraron de alegría. 

“El 12 de noviembre, finalmente pude compartir mi apellido con el joven que ahora es oficialmente mi hijo, Anthony Mutabazi. Esta es la bendición por la que estoy más agradecido cuando nos acercamos al Día de Acción de Gracias. Ha sido un viaje asombroso. He criado a once niños en los últimos tres años y Anthony ha estado a mi lado durante todo esto”

– dijo Peter.

Peter M

Fue así como oficialmente se convirtió en el “papá” que desde el primer día fue para Anthony. Joven que ha leído más de 500 libros en los últimos 19 meses, y que tiene amigos tanto en la iglesia, como en la escuela y en la comunidad de acogida.

De él aprendió cómo amarlo, a ver lo mejor de él, a soñar en grande, a preocuparse más, a reír más y a no contener sus emociones. “Puede ser una sorpresa cuando digo que necesitaba a mi hijo más de lo que él me necesitaba a mí”, concluye Peter, orgulloso y feliz de haber conocido al niño que cambió su vida.

 

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