Por Felipe Costa
25 marzo, 2021

“Siempre hay una luz al final del túnel”, dice Wesley Peixoto quien no tenía dinero ni para el transporte, así que vendía dulces en las calles y en su facultad con tal de subsistir aquellos tres años de carrera. Muchos de sus propios compañeros se inspiraban al verlo, mientras que otros le hacían la vida imposible.

El valor de la meritocracia siempre cobra sentido si se emplea bajo el ojo crítico correcto. Merecer algo no siempre es correspondido cuando se es bueno en cierta cosa, sino que debe ir de la mano con el sacrificio y la equiparación de oportunidades entre las distintas personas. Wesley Peixoto, terminó la universidad a sus 24 años y solo después de superar su condición económica se ha sentido con el derecho de hablar legítimamente lo que significa esforzarse para ganarse la vida, cuenta Razoes para acreditar.

Wesley Peixoto

Wesley sabe que la vida puede ser más dura para unos que para otros solo por el aspecto se tiene. Cuando joven y apenas entró a la universidad, no tenía dinero para nada. Pese a que fue becado en su carrera con un 100% gracias al puntaje en las pruebas de selección, debía conseguir la forma de pagar su alimentación, su pasaje de bus y sus materiales. A diferencia de sus compañeros, debió trabajar cada día para sustentarse.

Wesley vivía con su abuela, doña Lourdes, quien le pagaba el pasaje de bus con los ahorros que tenía, pero cuando falleció, se vio obligado a vender dulces en las calles de Río de Janeiro para tener, al menos, como asistir a la universidad.

Wesley Peixoto

Un día, además de vender en los mismos buses donde viajaba, se instaló en su facultad, donde sus compañeros lo veían. En un principio era extraño, pero cuando le preguntaban por qué lo hacía, él les contaba su historia, lo que comenzó a inspirar a muchos, pero también se ganó las críticas de otros.

Muchos no creían en la versión de Wesley, algunos hasta le pedían la factura de la universidad, asegurando que era imposible que pagara todo solo vendiendo dulces. Durante mucho tiempo lo discriminaron por considerarlo mentiroso y por ser negro, que no merecía estudiar donde lo hacía ya que las personas de su color jamás logran nada.

Casi todos los días, Wesley salía de su casa en bicicleta a las 2 pm. para vender dulces, volvía a las 4:30 pm y en la universidad ocupaba los recesos no para repasar materia, sino para seguir vendiendo. Una rutina que duró tres años, lloviese o hiciese calor.

Wesley Peixoto

“Recuerdo tener los clientes adecuados, los que siempre compraban y me daban palabras de aliento. Muchos compañeros y estudiantes de otros cursos dijeron que yo era una inspiración de vida para ellos. Eso me hizo muy feliz, porque sabía que no lo estaba haciendo en vano”.

–Wesley Peixoto a Razoes para acreditar

No quiere guardárselo, sino compartir lo que vivió con el mundo, es por eso, que actualmente, además de trabajar como asesor ejecutivo en el Departamento Municipal de Asistencia Social, Ciudadanía y Mujer de Belford Roxo, imparte algunas clases de Sociología y Redacción en un curso preuniversitario para jóvenes negros necesitados, a quienes intenta motivar y prepararlos para un mundo donde seguramente no tendrán las  mismas oportunidades que el resto.

Apoyo – Pixabay

“Siempre hay una luz al final del túnel”, dice Wesley, quien está seguro que la meritocracia no llega a la puerta de quien la está pasando más mal, sino de aquel que está dispuesto a enfrentar sus problemas pese a tener todo en contra.

Wesley Peixoto

Wesley asegura que no estaría donde está si personas de buen corazón se hubieran atravesado en su vida. Agradece cada día a doña Lourdes por brindarle la oportunidad de su vida. En el futuro espera volver como profesor a su facultad y verse reflejado en las nuevas generaciones, decirles “ahí estuve yo” e inspirarlos para ser mejores personas.

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