Por Felipe Costa
26 noviembre, 2020

“Yo fui empleado toda mi vida y dije ‘no voy a a ser como fueron conmigo. Voy a ser un jefe diferente'”, dijo Eduardo. Franco debía caminar todos los días 17 cuadras hasta la vidriería a causa de la falta de transporte. Eduardo sabía lo que necesitaba y se lo obsequió.

Usualmente, estamos acostumbrados a leer admirables historias sobre trabajadores que hacen una gran labor o que logran sobresalir entre el resto por sus increíbles ideas, pues esta vez no se trata solo del relato de un gran empleado, sino además de un ejemplar jefe que retribuyó de la manera más inesperada el premio al esfuerzo y al sacrificio.

Franco Nuñez debiese ser recordado como el nombre al empleado más entregado por su labor y Eduardo Fonseca como el empleador del año porque ambos saben de humildad. La historia de estos dos argentinos se hizo conocida luego de que Fonseca le regalara un auto a Nuñez en reconocimiento a las labores hechas.

Eduardo Fonseca y Franco Nuñez – Río Negro

Según cuenta Río Negro, Franco trabaja en la ciudad de Centenario, Argentina y se levantaba cada mañana sabiendo que tenía que caminar 17 cuadras hasta su trabajo en una vidriería. Teniendo en cuenta las distancias que recorría, se propuso buscar un auto para transportarse pero la necesidad de arreglar la casa le opacó el sueño.

Sin embargo todo cambió esta semana, al terminar de trabajar y ver que su jefe le tenía una sorpresa: un auto de regalo por sus años de servicio.

El trabajador llevaba ya cinco años desde el primer taller que instaló Fonseca, por lo que lo que había una relación bastante estrecha entre ambos. Juntos habían ido tiempo atrás a ver unos autos para Nuñez, quien se interesó en un Renault 12 con varias averías, por lo que comprar una máquina así sería desperdiciar el dinero.

Franco Nuñez – Río Negro

Pero Fonseca tenía un plan y siguió viendo autos para su empleado y compañero. Un día encontró un Duna en perfecto estado, así que sin pensarlo más lo compró y lo guardó como sorpresa.

Al día siguiente, el jefe de la vidriería invitó a Franco a comer unos sandwiches después del trabajo. Gran sorpresa se llevó cuando en vez de sandwiches lo que le esperaba era un auto.

El momento fue emocionante, ambos comenzaron a llorar, pues sabían lo que significaba el auto, más que el regalo material era un reconocimiento a los años de trabajo y al gran lazo formado entre los dos.

“Yo fui empleado toda mi vida y dije ‘no voy a a ser como fueron conmigo. Voy a ser un jefe diferente, más que un jefe; un líder’. Quiero que todos tiremos de la misma forma. Si yo progreso ellos tienen que progresar conmigo. Debe haber igualdad de oportunidades”.

–Eduardo Fonseca a Río Negro

Apoyo – depositphotos

En la vidriería también trabajan otros dos empleados, Ricardo y Gabriel, quienes lejos de ponerse celosos, se alegraron por el gran regalo, deseándole lo mejor a su compañero de trabajo, quien hoy es el trabajador más feliz de Argentina.

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