Por Felipe Costa
8 marzo, 2021

Adom-Ba Lucky comenzó a vender yogures en la calle para llevar dinero a casa mientras aún estaba en la escuela. Con el tiempo fue ahorrando siempre con el sueño de ser profesional, aunque la vida le dijese lo contrario. Pese a que su padre los abandonó a él y a su madre, jamás se dejó caer.

Superarse en la vida no es fácil, menos si se crece sabiendo que las esperanzas de obtener un gran futuro son casi como ganarse la lotería. Aún así, para el joven Adom-Ba Lucky, el deseo de cambiar su vida para mejor fue mucho más grande que su situación económica y familiar, transformándolo de un ambulante a todo un estudiante universitario.

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Adom vice en Ghana y nunca la ha tenido fácil. Su padre abandonó a su madre cuando se enteró que estaba embarazada de él y ella no quiso abortarlo. Posteriormente tampoco quizo asumir los gastos de manutención y desde ese momento desapareció. Ambos entonces, debieron aprender a vivir con lo justo y mientras el chico adquiría mayor independencia comenzó a hacer sus negocios ambulantes con tal de llevar comida a la mesa.

Después de terminar la escuela, Adom pasó cuatro años vendiendo yogures arriba de su bici, recorriendo la ciudad y ahorrando para su futuro. En mente siempre tuvo el sueño de ser un gran doctor y salvar vidas.

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Cuando creyó tener lo suficiente, decidió postular a la carrera de Enfermería, pero aún así, luego de entrar, se vio obligado a dejarla porque los gastos terminaron siendo muy altos. Su madre que vendía pan, también de manera informal en la autopista, ponía todos sus ahorros en la educación de su hijo, aún así quedaron cortos.

No fue hasta que la Iglesia Pentecostés, conoció su historia, luego de que el joven comenzara a ser patrocinado por los vecinos de la ciudad, al vender sus productos en la bicicleta. La institución le propuso continuar sus estudios en la Universidad Pentecostés de Accra con una beca.

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Ahora Adom, es oficialmente un estudiante de Ciencias en Enfermería, el inicio de un largo camino que comenzó vendiendo su primer yoghurt en la calle para ayudar a su madre y que seguirá cuando logre ser todo un profesional de la salud. De alguna manera, el joven ghanés siempre ha estado ahí para ayudar a otros, un don que lo forjó ante las adversidades de la vida.

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