Por Luis Lizama
23 abril, 2020

«Dios, Tú que nos has alimentado en la hambruna y nos has provisto de abundancia, nos has librado de la peste y nos has liberado de enfermedades graves y duraderas. Ayúdanos», fue la petición de los líderes religiosos que buscan acabar con el COVID-19.

Enfrentamos un momento complejo, donde el mundo se ha puesto a prueba y la fragilidad de la vida ha quedado en evidencia. Se necesita de todos para salir adelante. Puede sonar como una utopía, puede que lo sea, pero al menos se están logrando cosas que antes parecían imposible. Ha aflorado la solidaridad y bondad de personas que entregan todo, como los profesionales de la salud. Hoy ha sido el turno de las religiones.

Judíos, cristianos y musulmanes se han reunido en Jerusalén, para rezar por el mundo y pedir a Dios que acabe esta pandemia. Muchos dirán que no servirá de nada, pero lo cierto es que se valora la voluntad, porque de esto saldremos todos juntos o no saldremos. La unión hace la fuerza.

EP

El coronavirus mantiene al mundo en alerta. Para muchas personas esto significará un antes y un después en la forma de vivir. 

El individualismo, donde cada uno vela por sus intereses, de forma egoísta, va quedando atrás. Es momento es trabajar juntos y realizar actos bondadosos: Simples como quedarse en casa y evitar contagios, rezar o preocuparse por los vecinos y los más desprotegidos.

Recuerda que a otros les falta lo que a ti te puede sobrar. 

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Ese es el mensaje que muchas personas buscan entregar, sobre todo los líderes religiosos que están haciendo historia.

Según reporta ABC, los participantes de la reunión también alertaron sobre el aumento del racismo, la xenofobia y discriminación, a raíz del coronavirus. Rabinos, jeques, imanes y patriarcas se congregaron en la terraza del hotel King David en Jerusalén.

“Dios, Tú que nos has alimentado en la hambruna y nos has provisto de abundancia, nos has librado de la peste y nos has liberado de enfermedades graves y duraderas. Ayúdanos”.

Esta oración implica algo sin precedentes, un esfuerzo y la unión del mundo para ganar esta batalla.

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Cada uno en su idioma, en su lenguaje y forma, pero pidiendo lo mismo: Rogando a Dios que nos de una mano. La iniciativa fue obra del Rabinato de Israel, los ministerios de Exteriores e Interior y el Consejo Mundial de Líderes Religiosos.

Junto a ellos también estuvo presente el Arzobismo Pierbattista Pizzaballa, quien recordó lo que la biblia dice respecto de Jerusalén. Allí se le describe como una casa para la oración, de todos los pueblos.

«La pandemia no entiende de razas, religiones o fronteras políticas. (El coronavirus) ha propiciado algo bastante extraño como es ver a judíos, musulmanes y cristianos rezando la misma oración. Espero que esto se repita después del COVID – 19 porque Jerusalén lo necesita».

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Todo esto ocurrió tras Semana Santa, una celebración atípica, sin peregrinos ni gente en las calles. 

Aunque no todo el mundo asista a Jerusalén, basta con enviar buenas vibras, pensar positivo, rezar en casa y tener esperanza. Sabemos que todo el mundo y todas las religiones están unidas.

De esta saldremos adelante.

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