Por Cristofer García
21 julio, 2020

«Soy una robot especial. Fui creada y programada para cantar, bailar y aprender con estudiantes con necesidades especiales», dice cuando se presenta ante los alumnos. Su creador es el profesor Walter Velásquez.

Kipi es una robot ecologista, construida con materiales reciclados, que se encuentra en un recorrido por los Andes peruanos con el objetivo de llevar educación las poblaciones que no tienen servicio de internet ni medios de comunicación tradicionales.

Se trata de un emprendimiento del profesor Walter Velásquez, quien recorre poblaciones de Huancavelica en su caballo para ayudar a quienes más lo necesitan y los pequeños vulnerables que se ven afectados por la falta de educación, aún más en estos días de pandemia, según reseñó Efe.

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«Soy una robot especial. Fui creada y programada para cantar, bailar y aprender con estudiantes con necesidades especiales», es lo que dice Kipi cuando se presenta ante los alumnos.

Esta robot es controlada a través de una aplicación en el teléfono móvil de Walter, quien lo programó a través de un software libre para enseñar palabras, debido a que puede mantener conversaciones sencillas en español y en quechua, la lengua materna de estos alumnos, ubicados a unos 3.000 metros de altura con respecto al nivel del mar.

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«Para mí, salió muy bonita. Kipi es una niña andina que lleva mensajes positivos y educativos ante esta pandemia. Viaja y comparte alegría y esperanza. Además es muy ecológica, porque tiene un panel solar y se autorrecarga durante el viaje», contó Walter en conversación con a Efe.

Su panel solar en su espalda cobra mayor importancia cuando Kapi debe dar clases en poblaciones que no cuentan con servicio eléctrico. De ahí, además, procede su nombre de Kipi, que significa cargar en quechua, debido que carga la energía sobre sus espaldas así como los campesinos las cosechas.

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«En los ‘qipi’ se cargan muchas cosas. Kipi carga su energía, alegría y esperanza. No le puse boca porque tiene un parlante en el pecho, ya que ella nos habla desde su corazón robótico», dijo Velásquez.

Kipi fue desarrollada en un laboratorio de creatividad del humilde colegio Santiago Antúnez de Mayolo, en Colcabamba. Esto sumó más importancia en esta pandemia de COVID-19, cuando los alumnos no han podido regresar a las aulas.

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«Con tanta pobreza en esas comunidades, donde a veces no tienen para comer, y no venían a recoger los libros y alimentos. Entonces, o te quedas de brazos cruzados y se malogran los alimentos, o haces algo y los llevas para que coman», dijo Velásquez.

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