Los estadounidenses Paul y Kris Scharaoun-DeForge, contra viento y marea, lograron tener uno de los matrimonios más felices de los que se haya visto, a pesar de que muchos los desanimaron de casarse. Su condición no les privó de amar como pocos los hacen.

“Son modelos a seguir para todos los que desean una buena relación”, dijo Susan Scharoun, hermana mayor de Kris a The Washington Post. Y tiene razón, ya que Paul y Kris Scharoun-DeForge fueron una pareja que se amó y cuidó mucho. Mientras que por ejemplo Kris cocinaba, Paul además de agradecer su comida, le ayudaba y alentaba con el cuidado de su diabetes.

Ambos vinieron de familias de 8 hijos, que cuando nacieron, los médicos le dijeron a sus padres que al tener síndrome de Down, sus hijos no podrían tener vidas plenas. No podían estar más equivocados.

Familia Scharoun

A sus padres se les recomendó por ello dejarlos en una institución, y ellos con toda la fe que tenían en sus hijos, ignoraron el consejo. Fueron criados para vivir felices y productivamente. Por lo que ambos de grandes tuvieron empleos: Paul en el taller de Arc of Onondaga, una organización para personas con discapacidades; mientras que Kris partió trabajando en Pizza Hut y después trabajó para el Estado de Nueva York en la Oficina de Personas con Discapacidades.

Ellos se conocieron en un baile para personas con discapacidades en la década de los 80’s. El flechazo de Cupido fue instantáneo. Y en 1993 se casaron, después de 5 años estando comprometidos, esto debido a las dificultades que les ponía la legislación para casarse teniendo síndrome de Down.

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Debido a su discapacidad intelectual, tenían que demostrar al Estado que eran conscientes de lo que significaba casarse. Por ello, tuvieron que tomar exámenes que midieran su conocimiento sexual, emocional y con respecto a las necesidades que surgirían. Por suerte, en Planned Parenthood les dieron las herramientas para adquirir las habilidades necesarias para aprobarlos.

Kris siempre supo que quiso casarse con Paul. Desde antes de las pruebas ella sabía que él era el hombre de su vida. Pues porque de hecho, ella misma fue la que le pidió matrimonio.

“Me hizo reír (…) Lo miré a los ojos y vi mi futuro, y ahí fue cuando le propuse… Él dijo que sí”

– dijo Kris a The Washington Post.

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Una de las cosas que más le gustaba de su novio, era que él tuviera síndrome de Down. “Me gusta un hombre que es como yo”, decía Kris también con gran aceptación de sí misma. Ellos tras casarse combinaron sus dos apellidos, dando así origen al apellido “Scharoun-DeForge”. Posteriormente se fueron a vivir a un complejo de apartamentos apoyados por el Estado para personas con discapacidades, donde dormían en un cuarto principal y al lado tenían a los miembros del personal.

Hace un año, Paul mostró demencia. Y se tuvo que mudar a 10 millas de distancia para recibir cuidados intensivos. Kris dijo que su marido nunca dejó de reconocerla. Ella amaba los grandes y hermosos ojos de su esposo. Los cuales podía volver a ver todos los domingos.

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Cuando Kris cayó con neumonía en un hospital, Paul la sorprendió con una visita en su 25 aniversario. Y en silla de ruedas, ambos renovaron sus votos en la capilla del Hospital de la Universidad de Upstate en Syracuse. Meses después, Paul moriría producto de las complicaciones provocadas por el Alzheimer, que aqueja a más de la mitad de la población con síndrome de Down de entre 50 y 60 años (según el Instituto Nacional del Envejecimiento).

Kris estaba triste. Recientemente le había hecho un dibujo de una mariposa y a su marido le había encantado. Hasta la tenía colgada en la pared junto a su cama. Ambos pasaban sus vacaciones en las montañas Adirondack. Y es allá donde ella esparcirá las cenizas de su difunto marido. “Pienso en Paul volando en el aire … y siendo libre”, dijo Kris, quien veía en su marido una mariposa buscando libertad.

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