Por Moisés Valenzuela
22 octubre, 2018

Los alumnos de Ben presentan desde discapacidades leves hasta parálisis cerebrales, pero para él ninguna discapacidad puede interponerse entre las personas y el océano.

Uno de los mayores errores que se comete con las personas en situación de discapacidad es creer que hay cosas que no pueden hacer. Pensar que son «menos capaces» sólo por ser diferentes es una gran equivocación. Y Benjamin Clifford lo sabe bien, por eso, todos los días demuestra lo contrario.

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Benjamin es un surfista de pelo rizado que vive en Gales y ha vivido por mucho tiempo enamorado del mar. Sin embargo, no es algo que reserve sólo para él: su mayor sueño es que el océano y sus oleajes sean para todos, especialmente accesible para aquellos a quienes les han dicho que no pueden estar en él. 

Por ello, hace 11 años creó Surfability UK CIC, la primera escuela de surf realmente inclusiva y abierta para las personas en situación de discapacidad, ayudando niños y niñas de distintas edades y condiciones a subirse a una tabla y disfrutar del mar como cualquiera.

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Los alumnos de Ben pueden presentan desde discapacidades leves hasta parálisis cerebrales y cuadriplejias. Pero nada de eso los detiene.

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Ethan es uno de los niños que a través del surf ha ido superándose. Con una parálisis cerebral a cuestas, sus músculos se contraen y endurecen cada vez más, necesitando ayuda para caminar. Tanto los médicos como su familia pensaban que los deportes en general serían imposibles para él. Entonces conocieron a Ben y su escuela.

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«Siempre me imaginé surfeando. Pero nunca pensé que realmente podría hacerlo. Cuando mi madre encontró la escuela de surf con Ben, me invitó a ir a nuestra playa cercana y me enamoré del surf ese día (…) Me han ayudado mucho y realmente aprecio lo que han hecho por mí. No quiero irme nunca», dijo Ethan a UNILAD, quien además se está preparando para un campeonato mundial.

Surfability permite que personas entre 5 y 50 años puedan experimentar lo que es adentrarse en el mar y sortear las olas. Aunque algunos necesitan más apoyo que otros, nadie se queda en la arena. ¡Todos deben quedar mojados!

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Katie, es otra de las alumnas de la escuela. Su dislexia y dispraxia provocan que sus movimientos no sean coordinados, sin embargo, todos se enorgullecieron cuan do la vieron por primera vez ponerse de pie en la tabla.

«Se siente muy bien estar en la tabla. Atrapar una ola realmente te hace sentir adrenalina (…) Me ayuda a desarrollar confianza en mis habilidades, así como a conocer diferentes tipos de personas y escuchar sus historias», cuenta Katie.

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Ben asegura que su trabajo es inmensamente gratificante, aunque presenta muchos desafíos. Adaptar algunos equipos y especializarse en cómo trabajar con sus alumnos han sido algunos de los aprendizajes que ha debido desarrollar. Sin embargo, todo esfuerzo tiene su recompensa, sobre todo cuando ve a sus pequeños salir del mar sólo para decir «quiero otra ola».

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Hace más de una década que Ben está dedicado a su escuela, y cuenta que todo comenzó cuando vio el impacto que tuvo sobre un grupo de jóvenes con autismo probar los deportes acuáticos. De ahí en adelante, supo que el mar es de todos y que ninguna discapacidad puede interponerse entre las personas y el océano. 

Durante todo este tiempo, Surfability ha ayudado a más de 1800 niños y niñas a aprender surf adaptado. «Tenemos personas que vienen a la escuela, no para una clase, sino para una experiencia más. Si dependen de nosotros para navegar, pueden sentarse en un asiento o en una tabla y haremos todo por ellos», dice Ben.

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El trabajo es realmente fascinante. Los niños disfrutan el mar y lo sienten propio, aun cuando otros decían que no podrían hacerlo: ejemplos como este nos inspiran a creer que todo es posible a pesar de las diferencias, que pasan a ser secundarias. Mira a continuación parte del trabajo de Surfability:

 

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