Por Alejandro Basulto
14 octubre, 2020

Pocos días después de celebrar su primera primavera, Reign Miller-Hardy dio con la manera para poder sobrevivir a su linfohistiocitosis hemofagocítica.

Donar órganos es salvar vidas. Se ha dicho y repetido hasta el cansancio, porque es verdad. Es una realidad que entregarle desinteresadamente a una persona un hígado, pulmón, páncreas o cualquier órgano, le puede ayudar a sobrevivir ante una situación de un gran y grave riesgo mortal. Por eso la familia de Reign Miller-Hardy, de Barry, Gales del Sur, está tan agradecida con quienes le dieron una médula ósea a este bebé que padece una enfermedad mortal que lo tiene hoy hospitalizado.

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Este lactante que recientemente cumplió su primer año de vida, habría muerto si no encontraba la posibilidad de transplantarse de manera urgente una médula ósea. Una donación de órgano inesperada que no suele ocurrir, y que sorprendió gratamente a sus seres queridos, quienes actualmente lo acompañan en una semana de intensa quimioterapia.

El pequeño Reign padece la enfermedad de linfohistiocitosis hemofagocítica (HLH), en la que el sistema inmunológico ataca los tejidos y órganos sanos, incluidos entre estos, órganos tan vitales como el hígado, el cerebro y la médula ósea, según informó el Mirror.

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Un donante que fue hallado 10 días luego de que a Reign cumpliera su primer año de vida, apareciendo como un regalo, o más bien, un tesoro, al que encontraron luego de una masiva campaña pública iniciada por su familia, que entre otras cosas, instó a las personas a inscribirse en el registro de células madre y a donar sangre.

Esperanzadora noticia, que ha logrado sacarle una sonrisa a los padres de este bebé, Scott Hardy, de 28 años, y Ashleigh Miller, de 32, quienes han tenido que turnarse para pasar tiempo junto a su hijo en el North Children’s Hospital en Newcastle, lugar donde el pequeño Reign Miller-Hardy ha estado recibiendo atención especializada hace seis semanas.

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Gracias a esta donación de médula ósea, este bebé ahora tiene entre 75 y 85% de posibilidades de sobrevivir. Una enfermedad que en un principio desde la familia se pensó que era COVID-19, para después sus padres darse cuenta que era algo aún peor.

Reign ha tenido fiebre, se ha sentido débil y ha padecido diferentes dolencias. Por las que le hicieron una punción lumbar y escáneres para confirmar su diagnóstico. Enfermedad genética, crónica y mortal por la que ha tenido que ser inducido a estar en coma, para que su cuerpo descansara mientras llegaba el transplante que lo salvaría, el que para alegría de todos, apareció en el mejor momento posible.

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