Por José Pablo Harz
3 septiembre, 2015

Lo dejaron a su suerte en un bote de basura, pero la historia no terminó ahí para Eddie

Esta es una de esas historias que no podría empezar peor. Una, donde inmediatamente el final se dibuja a lo lejos con tonos grises muy oscuros. De esas que nos demuestran que hasta el amor materno puede venir perturbado: un bebé con síndrome de Down es abandonado en en un tarro de la basura en Ecuador. ¿Algo puede ser peor?

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Por suerte, desde ese momento la suerte del niño cambia por completo. El primer héroe en su vida fue el carpintero que lo encontró y decidió llevarlo a una estación de policía. Es ahí cuando aparece nuestro segundo protagonista: Eddie. Este oficial fue quien recibió al menor y lo trasladó hasta un orfanato para personas con discapacidad, donde lo bautizaron con el nombre del policía. A esa altura, para el pequeño Eddie, la vida ya le había dado una segunda oportunidad.

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Sin embargo, lo más conmovedor estaba aún por venir. En un viaje a Ecuador con sus dos hijos mayores -ahora tienen 10-, Jim y Rachel Van Eerden decidieron en el último día visitar el orfanato donde vivía Eddie, y apenas lo vieron tomaron la decisión de adoptarlo. Fue un amor a primera vista, según las palabras de la madre:

httpv://youtu.be/mNBxNZX6RKs

“La percepción de las personas probablemente es que nosotros tenemos demasiados hijos y que nuestras manos están llenas. Entonces para qué querríamos tener un hijo con necesidades especiales. Y claro que es un sacrificio, pero lo que Eddie nos entrega sobrepasa por lejos cualquier sacrificio”

-Rachel Van Eerden-

Actualmente Eddie tiene 10 años y disfruta de la vida y de sus amigos, muy lejos de ese comienzo a las afueras de una carpintería.

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