Por Cristofer García
1 abril, 2021

“A veces, cuando ves que el sacrificio de toda la familia es muy grande, lo piensas un poco, pero mi marido me alienta para que siga adelante y mis hijos siempre me apoyaron”, dijo Patricia Ibáñez.

Hay profesionales tan comprometidos con su oficio y con tanta vocación, que hacen hasta lo imposible para cumplir con su trabajo. Así es el caso de esta maestra de Puán, provincia de Buenos Aires, Argentina, la cual recorre diariamente 200 kilómetros de ida y vuelta para llegar hasta la escuela donde da clases.

Para la docente Patricia Ibáñez, de 49 años de edad, el viaje diario que debe hacer hasta Villa Iris no es impedimento, porque sus alumnos son lo más importante. Sin embargo, su acto es aún más heroico al saber que no cuenta con vehículo, sino que debe pedirle a alguien en la carretera que la lleve.

Patricia Ibáñez

Esta maestra de segundo grado a las 10:00 am ya se encuentra parada en la salida de la ciudad, con su pulgar arriba y esperando que alguna persona gentil le de el aventón.

“A veces tengo suerte y frenan enseguida y van directo a Villa Iris, pero a veces la ruta está tranquila y se hace más difícil”, contó la docente en conversación con La Nueva.

Patricia Ibáñez

Allá la esperan sus 20 alumnos, los cuales asisten en distintos grupos para evitar contagios de coronavirus. En su casa, su esposo y dos de sus 6 hijos, son quienes la apoyan a seguir adelante.

“A veces, cuando ves que el sacrificio de toda la familia es muy grande, lo piensas un poco, pero mi marido me alienta para que siga adelante y mis hijos siempre me apoyaron”, expresó.

Patricia Ibáñez

Y la razón por la cual debe pedir un aventón cada día es porque no existe un transporte directo entre su localidad y la escuela, a esto se le suma que por la pandemia de COVID-19 es aún más complicado hacer el viaje.

“El otro día me tocó estar una hora en Villa Iris y una hora en Bordenave. Llegué a mi casa a las 8 de la noche. A medida que se hace mas tarde pasan menos viajantes y se hace mas complicado”, comentó.

Patricia Ibáñez

“No hago toda esta odisea por el salario que gano sino para llevar a cabo lo que estudié: lo decidí de grande y quiero tener la oportunidad de brindar lo que tengo para dar“, agregó.

Patricia Ibáñez

A pesar de la gran distancia, esta profesora se ha vuelto un ejemplo de superación y valentía. Es el orgullo de su familia y de sus alumnos.

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