Por Luis Lizama
15 enero, 2021

Con las escuelas cerradas, Daniela Bertini decidió echar a andar su gran proyecto, que vincula la enseñanza con el teatro. En su colorida bici, recorre la ciudad de Pisa, visitando a todo niño que quiera escuchar cuentos y divertirse.

La vocación es una pasión, que nos motiva para seguir un camino, yendo más allá del dinero, del trabajo y los vicios del mundo. Es lo que sienten muchos médicos, profesores y deportistas, una especie de llamado divino. Ejemplos hay cientos, como el de la maestra Daniela Bertini.

Oriunda de Italia, recorre las calles de la ciudad de Pisa, en una bicicleta adaptada y llamativa, con el fin de visitar niños, entretenerlos y sacarles muchas sonrisas. 

Archivo personal Daniela Bertini

Hace unos cinco años decidió idea un proyecto ambicioso. No se trataba de un negocio, de una inversión o algo relacionado al dinero, sino más bien a su enorme vocación.

Juntó sus dos mayores pasiones, la enseñanza y el teatro. Daniel era maestra de primaria, pero la pandemia cambió absolutamente todo.

Archivo personal Daniela Bertini

Fue entonces que surgió con fuerza esta hermosa oportunidad. Dados los confinamientos que vivieron en gran parte de Italia, Daniela agarró su bicicleta y alegró las tardes de muchos niños en aislamiento.

Hasta entonces solo lo hacía en eventos, en plazas y lugares públicos, pero ahora el panorama era diferente. Cada uno en sus hogares, estresados y angustiados por el coronavirus: Había llegado su hora, su momento.

Archivo personal Daniela Bertini

Salió a las calles con su bicicleta, llena de libros, cuadernos y alegría. Los niños la esperaban con ansias, para llenarse de magia y mística.

Apenas la escuchan rodar por las calles, salen felices de sus hogares, para ser parte de la mágica lectura en que los envuelve. De la misma forma maneja sus títeres y marionetas, dándoles vida y pasión.

Archivo personal Daniela Bertini

Evidentemente los más felices son los pequeños, que incluso le regalan dibujos.

Y toma absolutamente todas las medidas sanitarias necesarias, con su cubrebocas, distancia social y lavado de manos. A veces lee a distancia, otras a través de una ventana. Todo comenzó con un alumno que enfermó de COVID-19, quien la inspiró y le confirmó que este era su momento.

En la primera semana de su proyecto visitó a 10 niños, que con ayuda de sus padres le escribieron en su sitio web. Hoy por hoy su lista de espera está llenísima, incluso con otros voluntarios que quieren unirse al proyecto. 

¡Eso sí es vocación!

 

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