Por Camilo Morales
22 junio, 2022

“El hambre y el frío nos fuelen. Somos docente y mamás (…) Los maestros tenemos que observar a nuestros niños y jamás mirar hacia el costado”, dijo la docente, Valeria Juri.

Cada vez es más común que haya personas que se sientan enamoradas por el invierno. Se trata de una estación especial para aquellos que aman poder estar acostados viendo películas, leyendo un libro y tomando un buen café mientras afuera llueve o hace frío.

Sin embargo, esta época suele ser dura para gran parte de la población que no tiene un hogar donde guarecerse o que no posee buenos métodos para calefaccionarse.

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Así siempre lo pensó Valeria Juri, una profesora que ha trabajado durante años en uno de los barrios más pobres de Guaymallén, una localidad de Argentina, y quien ha visto desde cerca la realidad de las personas que viven ahí.

Según el medio Los Andes, quien publicó este reportaje, Valeria conoció la realidad de aquellas personas que deben hacer frente a las heladas y a las crudas lluvias. “Me di cuenta de que el frío duele, que el verano es el abrido de los pobres”, explicó.

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Pero una de las historias que más le tocó profundamente fue la de Ciro, un joven de 13 años que siempre llegaba al salón con un par de zapatillas rotas. Eso derivó en que ella junto a otros maestros realizaran una campaña solidaria para comprarle unas zapatillas nuevas.

Sin embargo, para mi sorpresa, al día siguiente llegó con sus zapatillas viejas. Le pregunté qué había sucedido y me contó que prefirió dejárselas a su mamá porque suele hacer changas caminando y por eso las necesita más que él“, comentó la maestra.

Valeria Juri

Este caso la conmovió tanto que decidió moverse aún más no solo para comprarle otro par de zapatillas para él, sino que también abrigos, buzos y medias, entre otras prendas.

En su casa recibe cariño, pero la pobreza lo atraviesa como a tantos otros chicos. Podría asegurar que es es el caso de la mayoría en esta escuela. Trabajamos siempre buscando ayuda de todo tipo. Acá se observan muchas infancias rotas y los padres también son víctimas, porque han sufrido o sufren situaciones dolorosas que, obviamente, se transmiten“, agregó.

Valeria Juri

Como se dio cuenta que la familia de Ciro también necesitaba ayuda derivó este caso a otras personas interesadas que quieran donar elementos básicos para la casa, como muebles y camas. De hecho, la escuela se transformó en un centro de ayuda para este estudiante.

El hambre y el frío nos fuelen. Somos docente y mamás (…) Los maestros tenemos que observar a nuestros niños y jamás mirar hacia el costado“, cerró la maestra.

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