Por Cristofer García
4 septiembre, 2020

La profesora Juanita de Tierra Caliente, en México, lo hace todo por sus alumnos, por eso no permitirá que pierdan sus estudios. Ellos no cuentan con recursos para sus clases a distancia.

Si bien los trabajadores del área de la salud son reconocidos como los héroes de la pandemia, por la incansable lucha que dan en esta emergencia sanitaria, los profesores también merecen un agradecimiento por su sacrificios.

Han sido muchos los docentes que cumplen esfuerzos titánicos para que sus alumnos no pierdan su educación. Esto sucede con mayor frecuencia en zonas rurales y de pocos recursos, donde los estudiantes no tienen computadoras o internet a su disposición. Por eso se ven admirables casos como el de la profesora Juanita.

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Juana Acosta Cortés, una profesora de Rancho Nuevo, Tierra Caliente, en México, ha hecho hasta lo imposible para continuar con su clases, desde que la escuela donde trabaja cerrara por el avance del COVID-19 en todo el país. Ha decidido ir hasta las casas de sus pequeños estudiantes, quienes viven en hogares humildes.

“Todos viven en casitas de cartón y son muy muy pobres, así que no sé cómo le voy a hacer, pero no voy a dejar a mis hijos (alumnos), abandonados”, dijo Juanita, en conversación con El Universal.

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La Chula“, como le dicen de cariño a esta docente de 51 años, comentó que las precariedades en el jardín de infancia, donde labora, en el municipio de Múgica, venían desde antes de la crisis por coronavirus. Al menos 8 alumnos desertaron el año anterior y no va a permitir que más chiquillos se queden sin educación.

En este instituto reinan las carencias, que no permiten que los estudiantes se desarrollen de la manera correcta. Mientras gran parte de los alumnos cumplen su ciclo escolar a través de las clases en línea, los estudiantes de Juanita lo harán, pero con ella presente.

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Ella atenderá a 11 alumnos, de los cuales 8 de ellos no tienen ni televisión en las chozas donde viven.

“Voy a llegar a los niños y trabajar con ellos. Voy a buscar alternativas y de allí me voy a enfocar hacia ellos, para que no se queden sin educación y tengan un aprendizaje mejor, a pesar de esta pandemia que se vive en todo el mundo”, expresó.

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Los pequeños cuentan todos con edades entre 4 años y 6 años. Ella siente que es su responsabilidad cumplir con ellos, por eso la escuela irá hasta sus casas. “Los salones de clases estarán vacíos, pero mi corazón estará lleno de sonrisas”, manifestó.

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