Por Alejandro Basulto
4 septiembre, 2019

Una sonrisa siempre es una sonrisa.

El labio leporino y la hendidura del paladar, es una malformación, congénita, con la que muchos bebés nacen. Se trata de una separación en el labio superior, que genera una malformación de esa parte del rostro en el recién nacido, además de que en muchas ocasiones conlleva dificultades para su comunicación, alimentación y otras actividades y acciones comunes de las personas. Por  ello, en la mayoría de los casos se opera, para corregir esa malformación y que permita al pequeño que está en sus primeros días en el mundo, vivir de manera más amena.

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Este último fue el caso de George, un pequeño que nació con un labio leporino y con un paladar hendido bilateral, una fractura en el labio superior y en el paladar de ambos lados, que ocurrió mientras se encontraba en el útero de su madre Megan Thompson, de 21 años. Quien por cierto, también nació con dicha condición, y que a lo largo de su vida, ha tenido siete operaciones para corregirla.

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El caso de George, es que tenía un gran agujero debajo de la nariz, que lo incapacitaba para amamantar, junto con también, provocar una pérdida auditiva de una de sus orejas.

Una condición, que según el NHS, afecta a uno de cada 700 bebés en Inglaterra. Y de la que Megan se sentía culpable y preocupada, debido a que esta es en el 8% de los casos hereditaria y porque era también la primera vez que conocía a un bebé con labio leporino.

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«La mayoría de las personas serían amigables cuando vieran a George antes de sus operaciones, pero siempre recordaré haber estado en el consultorio del médico cuando un anciano se me acercó y me dijo: ‘¿Cuándo vas a arreglarle la cara?’ (…) La apariencia es importante, pero la consecuencia principal de corregir un labio leporino y un paladar hendido como el de George, sería el efecto en su habla y en cómo come»

– declaró para Megan para Daily Mail.

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Y a pesar de todas las dificultades que significaba su condición, el pequeño George nunca dejó de sonreír.

Y cuando fue operado exitosamente por segunda vez, su sonrisa se notó con más fuerza. Sin olvidar que a los ocho o nueve años, tendrá que someterse a un injerto óseo, para fortalecer su paladar. Para cuando sea grande, dependerá de él si quiere realizarse más operaciones por razones estéticas. Mientras hoy, es un sonriente rostro que permite generar conciencia sobre su condición.

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