Ann y Al Hill durante tres décadas se convirtieron en los padres de un centenar de niñas, la mayoría de ellas adolescentes, a quienes acogieron. Cuando ellas se independizaron o se fueron a otros domicilios, nunca se olvidaron de mantener contacto.

Ann y Al son una pareja en la que ambos nacieron en Georgia, hace 78 y 79 años respectivamente. Se conocieron en la escuela secundaria, en segundo año. Al tenía 16 hermanas, pero no creció junto con ellas. Mientras que Ann fue criada por su tía. En clases, Ann decía que Al era una molestia, cuando él le decía a ella que era inteligente. El momento que posiblemente más les unió, en un principio, fue cuando Al fue reclutado para el ejército, sirviendo en Vietnam.

Ann le escribía cartas y le enviaba productos horneados. Hasta hoy, cinco décadas después, Al todavía saborea en su mente esos ricos bizcochos.

Meg Vogel / The Enquirir

Los dos se casaron hace 57 años, mudándose a Cincinnati, y tras servir en la guerra, Al se desempeñó como conductor de autobús y gerente durante 37 años. La adopción vino cuando poco después, llegando a criar Ann y Al a 100 niñas por tres décadas. La mayoría de ellas adolescentes, recordando ambos aún a cada una de ellas. Trajeron a personas extrañas a su casa y las cuidaron como si fueran sus hijas biológicas. Y lo cuentan como si fuera algo sumamente fácil.

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Hoy sus hijas adoptivas se han ido a la universidad y muchas de ellas se mudaron a otros hogares. Direcciones y calles que ellos conocen, porque las visitaron. Actualmente, ambos están jubilados de sus trabajos y de la crianza. Y viviendo un duro luto luego de que su hija Rhonda, de 46 años, haya fallecido tras ser diagnosticada con cáncer. Desde ese momento, Ann siempre usa un collar con su foto. En la actualidad Al es el que más habla, mientras que su esposa no alza mucho la voz. Aunque todos saben que quien está a cargo, es ella.

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De hecho, como madre adoptiva, Ann era sumamente estricta. En la casa habían reglas y por ejemplo, siempre hacía que sus hijas se cepillaran nuevamente los dientes cuando no lo hacían bien la primera vez. Se trataba de una mamá severa, pero con la cual sus hijas podían contar. Y en las condiciones en las que ellas llegaron, eso era lo que más necesitaban.

Algunas de esas niñas se escaparon o les robaron. No pudieron salvar a todas, pero muchas todavía los visitan para cada cena de Acción de Gracias. Aún les llaman, y por sobre todo para Ann, que les recuerden, es suficiente.

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