Por Camilo Morales
19 noviembre, 2021

Según su esposa, el doctor Irfan Halim fue a trabajar a urgencias luego de una subida de casos en Reino Unido, pero nunca más regresó a casa. Murió en sus brazos y rodeado de sus amigos en el Hospital Swindon.

La pandemia de COVID-19 azotó al mundo y cambió la forma en que nos relacionamos y nos cuidamos. Además, los sistemas de salud pública de todo el mundo tuvieron que tener el desafío de poder mantener los contagios a raya y cuidar a su población.

Sin embargo, detrás de todas esas tareas estuvieron los enfermeros y médicos quienes fueron llamados comúnmente como “la primera línea“, ya que eran quienes arriesgaban sus vidas para atender a los pacientes con el virus.

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Muchos de ellos tuvieron que pasar semanas enteras en el hospital sin poder ver a sus familias, ya que tenían que avocar todas sus fuerzas para salvarle la vida a personas con coronavirus, quienes se encontraban conectados a respiradores artificiales. 

Y los equipos médicos no solo sufrieron estrés y cansancio durante los dos años de pandemia, sino que también muchos se contagiaron y, lamentablemente, fallecieron.

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Uno de estos héroes fue el doctor y cirujano experto, Irfan Halim, quien estuvo separado de su familia mientras cuidaba de pacientes en la zona de urgencias del hospital donde trabajaba.

Según información de Mirror UK, Irfan se contagió de COVID-19 en uno de sus turnos y nunca más volvió a su casa. El virus le ganó y falleció en urgencias luego de haber estado durante 4 meses trabajando sin parar.

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Su esposa, Salia Halim, contó que durante su vida trató a más de 250 mil pacientes y que su energía era como la de “10 hombres“. Sin embargo, luego de haber ido a trabajar al Hospital Swindon, Inglaterra, el 10 de septiembre de este año, nunca más volvió.

Ahora, Salia siente que tiene el “corazón roto destrozado en pedazos más allá de la imaginación“, por la partida de su esposo.

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Irfan es considerado un héroe para sus colegas, ya que estuvo ayudando a los pacientes desde que comenzó la pandemia. Uno de sus compañeros dijo que “siendo un luchador, nunca se rindió. Seguía creyendo que se recuperaría”.

Y es que no quería dejar a sus cuatro hijos y a su esposa, por lo que siempre estuvo pensando que volvería a verlos. Además, según sus colegas, siempre fue saludable y “no fumaba ni bebía (…) Era alguien que ayudaba a la gente todo el tiempo”.

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Su esposa contó que falleció “pacíficamente mientras lo sostenía en mis brazos susurrando oraciones y amor en sus oídos, junto con su hermano, su hermana y rodeada de sus bellos amigos“.

Mientras tanto, sus colegas llenaron de mensajes de cariño y de recuerdos una de las consultas del hospital en donde solía trabajar Irfan.

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