Por Diego Aspillaga
13 febrero, 2020

Eduardo Sahagún comenzó a desarrollar el combustible luego del alza de precios del 2018. Ahora lucha para que su producto, que es más amigable con el medio ambiente y mucho más barato que la gasolina normal, sea considerado legal y pueda comercializarse.

El calentamiento global nos ha afectado a todos. 

Australia se quemó por meses y más de mil millones de animales murieron en los fuegos causados por el laza de las temperaturas, las sequías y la irresponsabilidad humana.

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En el otro lado del mundo, poderosos huracanes destruyen año a año grandes partes del caribe y la costa de Estados Unidos, con millones de dólares en pérdidas y miles de vidas humanas afectadas para siempre.

Los polos se derriten, el océano se calienta, los bosques se secan y se queman en todo el mundo. Todo por el uso indiscriminado de combustibles fósiles, la emisión de gases contaminantes y el mal desecho de desperdicios por parte de todo el mundo.

La comunidad científica ya nos avisó: necesitamos nuevas formas de conseguir energía sin destruir el único planeta en el que vivimos si queremos subsistir.

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Todos tenemos que poner de nuestra parte y si necesitamos pruebas de que una persona puede hacer la diferencia, no se necesita buscar más lejos que en México, donde un investigador desarrolló una forma de seguir usando gasolina y ayudar al planeta al mismo tiempo.

El estado del planeta y los altos precios del combustible motivaron a Eduardo Sahagún Ceniceros a crear una alternativa viable que reduzca los precios de los combustibles y sea amigable con el medio ambiente.

“Empezamos cuando fueron los gasolinazos, mi esposa y yo no estábamos conformes con llegar a las gasolineras y cada vez que cargabas el tanque te salía más caro (…) por eso nos dimos a la tarea de buscar una solución”, dijo Eduardo Sahagún Ceniceros.

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Luego de varias pruebas, lsahagún y su esposa, oriundos del estado de Jalisco, dieron con un método por medio del cual se pude fabricar tanto gasolina como diésel a partir del uso de basura, en específico de desechos de materiales plásticos.

De acuerdo a lo indicado por Sahagún, la producción de los combustibles se logra por medio de un procedimiento que es bastante barato, ya que en caso de que el producto llegue a ser comercializado, el litro podría ser vendido en 4 pesos mexicanos, lo que es equivalente a 21 centavos de un dólar.

Si bien el investigador estaba consciente de que otros de sus compatriotas habían logrado generar combustible de desechos, sabía que no habían podido alcanzar el estándar mínimo que exige la legislación mexicana para poder comercializarlo. 

“Ya habíamos visto investigaciones de otras personas que no alcanzaron la calidad de los combustibles como marcan las normas mexicanos (…) buscamos llegar a un punto donde pasaran todas y que los vehículos no tuvieran problemas”, dijo Eduardo Sahagún Ceniceros, investigador mexicano, al portal de noticias La Vanguardia.

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Luego de refinar su producto y probarlo numerosas veces, el hombre logró instalar una planta generadora mediana en el municipio de Ixtlahuacan, donde el reactor puede crear hasta mil litros diarios de petróleo a partir de plásticos agrícolas y otros desechos. 

Si bien la idea de Sahagún suena como la solución perfecta a los problemas medioambientales y energéticos que aquejan al mundo, su producto aún es considerado ilegal por las autoridades mexicanas. El investigador se ha contactado con varios expertos y autoridades en el tema pero aún no ve posible que su gasolina ecológica sea aprobada.

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El mundo pide ayuda y son iniciativas como estas las que podrían terminar con dos de nuestros grandes problemas en un sólo intento. Es momento que las autoridades prioricen la investigación, tomen en serio el problema del calentamiento global y permitan que las personas aporten con sus ideas y conocimientos.

 

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