Por Daniela Morano
14 febrero, 2019

Cuando pequeña, Cotinha fue trasladada a un hospital luego de que su hermano fuese atropellado. Él no sobrevivió y sus padres jamás llegaron a buscarla.

Quizás muchos desconocen la triste realidad que viven cientos de personas mayores de edad a diario. Como sociedad, tendemos a abandonar a los ancianos, a dejarlos en casas de reposo o darles menos crédito por sus opiniones por el hecho de verlos como “inútiles” por no poder moverse o pensar con la misma rapidez que cuando jóvenes. Parte de la vida de toda persona es lidiar y aceptar que uno envejece, y como jóvenes ayudar a aquellos que han sido dejados de lado.

Cotinha, de 70 años, ha vivido en un hospital gran parte de su vida. Cuando era pequeña, ella y su hermano fueron atropellados pero él no sobrevivió. Los médicos intentaron encontrar a sus padres pero nadie apareció, por lo que fue trasladada a otro hospital donde permaneció durante 60 años de su vida, hasta su cierre.

Ford Inspire

Fue en ese momento cuando conoció a Gláucia, quien trabajaba como mucama. Comenzaron a conversar y se dieron cuenta que se llevaban muy bien. Cotinha no estaba feliz en el nuevo hogar al que la trasladaron y Gláucia pensó que debía ayudarla.

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Entonces decidió adoptarla.

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“Si se va a morir de hambre, vamos a morir de hambre juntas”, dijo a Ford Inspire.

El 2017 concluyeron el proceso de adopción, y Cotinha se convirtió finalmente en una especie de abuela para su nueva amiga y cuidadora. Vivirá sus últimos días acompañada y sabiendo que alguien la quiso sin pedir nada a cambio.

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