Por Pamela Silva
23 agosto, 2017

Vivió un infierno en la escuela.

En junio de 2017, Sadie L. Riggs de Pennsylvania, Estados Unidos, no logró seguir aguantando la situación que vivía: sus compañeros de clases le hacían bullying sin ninguna razón aparente, la hacían sentir inútil.

A pesar de que Sadie tomaba medicamentos y estaba recibiendo ayuda médica, no fue capaz de soportar lo que ocurría y se suicidó ahorcándose.

La chica de apenas 15 años fue criada por su tía, aunque sus padres biológicos siempre fueron parte de su vida. Antes de empezar la secundaria, Sadie -al contrario de algunos chicos- estaba muy entusiasmada por empezar las clases.

Pero nada ocurrió como ella esperaba, desde el comienzo sufrió el acaso de sus compañeros y no sólo sus ganas de seguir yendo a la escuela disminuyeron, sino que también de vivir.

Su familia decidió que expresarían todo cuanto necesitaban y querían decir a través del obituario de la joven, el que decidieron estaría dirigido a todos aquellos que la acosaron y fueron culpables de su prematura muerte.

Inside Edition.

Pero a diferencia de lo que muchos de nosotros expresaríamos en una situación como esta, su familia no estaba llena de rencor ni enojo, sólo de una muy profunda pena.

“Para todos los acosadores allá afuera, solo quiero que sepan que por mucho que desprecio sus acciones, nunca, jamás deseo que sientan el dolor paralizante que impregna nuestros cuerpos, un dolor tan severo que hace que el simple acto de respirar sea un acto complejo, la culpa que nos deja preguntándonos que pudimos haber hecho distinto o lo difícil que es tratar de recordar qué fue lo último que dijo”.

No sé si esta la reacción correcta, creo que es normal sentir odio, desprecio y querer asesinar a quienes acosaron a tu hija hasta la muerte, pero pienso que demuestra que todos lidiamos con el dolor de manera distinta y sumamente personal.

Lo único que queda cuestionarse es qué hace falta para que estas cosas dejen de suceder.

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