Por Constanza Suárez
6 julio, 2020

Benjamín debió seguir su tratamiento en medio de un complicado panorama con la crisis sanitaria. “Tuvo una mejoría excelente que ni los médicos lo podían creer”, contó su mamá.

Para Marcela García y su pequeño hijo Benjamín, el brote de coronavirus estalló en un complicado momento: el niño de tres años debía seguir con su tratamiento contra el cáncer y atravesar una intervención quirúrgica. Con la pandemia la situación se volvió más difícil, con la constante amenaza de contagio en un paciente de riesgo. 

Si bien el miedo e incertidumbre comenzó cuando diagnosticaron a  Benjamín, la pandemia no era un obstáculo fácil de sortear. Pero afortunadamente, el pequeño logró vencer al cáncer.

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Todo comenzó cuando un moretón apareció en el ojo izquierdo de Benjamín y con el tiempo se hizo más grande. “Después de que cumplió el año, noté que su ojo se ponía cada vez más morado. Lo llevé al hospital de Mar de Ajo y me dijeron que seguro era un golpe, pero yo volví a insistir porque no me quedé conforme con la respuesta. Le hicieron una tomografía y los resultados eran alarmantes: Benja tenía neuroblastoma en el ojo”, contó Marcela a Infobae.

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Apenas supieron que se trataba de cáncer, el menor comenzó a tratarse en Mar del Plata, Argentina con una quimioterapia de riesgo medio. Sin embargo, notaron que Benjamín tenia el abdomen muy hinchado. Gracias a una resonancia completa descubrieron que el neuroblastoma en el ojo era producto de un neuroblastoma más grande en el abdomen que hizo metástasis al ojo.

“Empezamos con las quimioterapias de alto riesgo. Luego de diez ciclos, nos mandaron a Buenos Aires, para operarlo en el Hospital Militar Central del ojo y por suerte pudieron remover el tumor completo. Tuvo una mejoría excelente que ni los médicos lo podían creer. Solo quedaba el del abdomen”, contó la mamá al portal argentino.

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A Benjamin le realizaron un transplante de médula que combatiría el neuroblastoma del abdomen. “Una vez que lo trasplantaron fue muy duro el post operatorio, ya que a la nueva médula le costó mucho acomodarse. Estuvo tres meses internado hasta que un día empezó a repuntar con todo y nos dieron el alta”, contó Marcela. 

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Luego llegó el COVID-19. “Aunque no estábamos más internados, seguíamos yendo a las consultas. Las semanas que no teníamos que ir al hospital no salíamos ni a la esquina y le pedí a mi hermana que vive en Buenos Aires que se quede con él y aprovechaba para hacer las compras para toda la semana, era la única manera de sobrevivir y no exponerlo a la calle. Por suerte el 1 de mayo nos pudimos volver, con el alta y vinimos dentro de todo en una época más liviana, hoy es otro el panorama”, expresó García. 

 

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“Benja está feliz, es muy consciente de todo lo que pasó. En casa lo escuchamos decir ‘estoy feliz, ya me curé‘. Lo que me pone muy feliz es que nunca perdió las ganas de jugar, algo que les suele suceder a los niños que están mucho tiempo en el hospital. Yo siempre intenté que esto lo tomara como un juego, a pesar de que nunca terminó de entender lo que tenía, sabía que mejorar era parte de un plan para volver a su casa de la playa con su hermano Joaco y su papá. Hoy es consciente que todo lo que pasó quedó atrás y que su realidad es otra”, agregó.

 

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