Por Felipe Costa
24 febrero, 2021

Vitor es un niño de 6 años, que a su corta edad vio como su corazón dejó de funcionar normalmente. Una vez le diagnosticaron miocardiopatía dilatada comenzaron a buscarle un trasplante. Hoy, gracias a un joven donante de 24 años, el pequeño puede sonreír una vez más, agradecido de su segunda oportunidad.

Muchos piensan que cuando se es niño o niña, no estamos conscientes del mundo que nos rodea y por ende de la vida misma. Hay quienes prefieren no contarle en profundidad a sus hijos cuando son diagnosticados de alguna enfermedad grave, pero pequeños valientes como Vitor, nos demuestran que no debemos subestimarlo, al entender plenamente por lo que atravesaba y demostrarlo con una gran sonrisa luego que se le dio otra oportunidad de vivir, informa Globo.

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Vitor Ribas da Silva, tiene 6 años y a su corta edad, su corazón dejó de funcionar normalmente. Le diagnosticaron una miocardiopatía dilatada, lo que quiere decir, que su músculo cardíaco le impide poder bombear la sangre correctamente a su cuerpo, causándole repentinas y severas arritmias, las cuales pueden ser fatales.

Al entrar a la lista prioritaria de trasplantes, comenzó una búsqueda frenética por encontrar un donante, hasta que dieron con él. Un joven de 24 años que murió en un accidente, pero cuyo corazón estaba intacto.

La familia y el hospital coordinaron lo antes posible el traslado del órgano, teniendo que ocupar un helicóptero para que llegase a tiempo. La Policía Militar de Río Preto fue la encargada de realizar dicha gestión. Luego de la recepción, se llevó al pequeño Vitor directamente al quirófano, donde se despidió de sus padres y le dejó toda la confianza a sus doctores.

El procedimiento empezó en la tarde y terminó el domingo por la noche. El corazón parecía funcionar bien, ahora solo faltaba ver la reacción del niño tras despertar y esperar que ya no sufriera de arritmias. De todas formas, los médicos estaban confiados del trabajo y le hicieron traspasar sus sentimientos a la familia.

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Tras despertar, Vitor miró a sus padres y lo primero que hizo fue esbozar una gran sonrisa, no sintió grandes molestias y rápidamente se sintió con energías y plenitud, una que no sentía hace meses.

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Toda la inquietud de la familia desapareció en un instante, su hijo volvía a sonreír y lo más impresionante de todo, es que transmitía la sensación de saber que se le dio una segunda oportunidad para vivir. Ahora se sigue recuperando en las salas del hospital donde monitorean su comportamiento, asegurándose de darle el alta pronto cuando sepan que podrá hacer una vida absolutamente normal.

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