Por Felipe Costa
30 marzo, 2021

No tienen internet ni aparatos móviles. El único medio para miles de jóvenes africanos, es sintonizar sus clases por radio y así aspirar a un mejor futuro que los saque de la hambruna, la falta de servicios básicos y los conflictos armados.

Debido a la actual crisis sanitaria por COVID-19, miles de estudiantes alrededor del mundo han debido adaptarse a las nuevas medidas y estar obligados a permanecer en casa estudiando. Sin embargo, no en todos los rincones del planeta se vive la misma realidad y la verdad es, que aquellos que tienen un aparato para conectarse a clases virtuales y pueden ver a su profesor, ya tienen un gran privilegio que aquellos más incomunicados o más pobres, no pueden si quiera soñar.

UNICEF

En Malí, un país africano ubicado en África Occidental, miles de familias han sufrido en la última década una crisis humanitaria y política que ha obligado sus desplazamientos por el país. Entre la falta de acceso a servicios básicos como educación, vivienda y salud, la actual pandemia solo llegó a ser un agregado más de todo lo que ya lidia el pueblo, sin embargo, ahora con el coronavirus, el cierre de las escuelas ha sido definitivo obligando a ejecutar un plan piloto que permita a los jóvenes seguir educándose.

Así fue como UNICEF, comenzó un proyecto que entregase cientos de radios que funcionan con energía solar con el propósito de convertirse en las nuevas salas de clase.

UNICEF

Según la misma UNICEF, esta alternativa no solo permite combatir con el cierre de escuelas debido a la pandemia, sino que además asegurará la educación de cientos de niños que no pueden desplazarse debido a los conflictos armados que actualmente aquejan al país. Muchos se ven privados de total libertad y seguridad, por lo que el aprendizaje se transforma en un salvavidas de sus futuros.

Las escuelas han colaborado y en distintos horarios transmiten programas educativos de distintos niveles, para que incluso los rezagados puedan ponerse al día con las materias. No hay un profesor pendiente de revisarles las tareas, pero eso no es necesario cuando la plena motivación de los jóvenes los alienta a seguir aprendiendo.

UNICEF

Entre ellos se encuentran Aichata de 15 años y Makono de 13, que por distintos motivos llegaron a la región de Ségou y al inscribirse en la escuela les proporcionaron las radios.

UNICEF

Aichata jamás se pierde las lecciones de los miércoles y jueves por la noche. Conoció a unas amigas en su barrio y se juntan siempre a escuchar la radio y sintonizan las clases. Hacen las tareas e incluso los exámenes, donde el profesor dicta las preguntas y luego de que finaliza el tiempo entrega las respuestas con los debidos puntajes.

“Antes, no me gustaba la gramática porque no la entendía y me resultaba difícil. Pero ahora me las arreglo para sacar bastante buenas notas. Una vez obtuve 8 de 10, ¡estaba muy orgullosa de mí misma!”.

–Aichata a UNICEF–

Makono por su parte, llegó con su familia a la ciudad escapando del conflicto armado, nunca sabían cuando podían pasar las balas por fuera de su casa, o camino a la escuela. El sistema de clases a distancia le significa saber que está seguro aprendiendo al igual que sus hermanas. Juntos escuchan las lecciones y aprenden a la par.

UNICEF

UNICEF, también se interesa por la calidad del sistema, así que periódicamente asiste a las casas de los estudiantes para confirmar que estén teniendo un progreso, revisan tareas y estudian mejoras para las clases.

UNICEF

En un mundo que hoy parece creer que las computadoras son el único medio para comunicarse, noticias como esta nos dejan claro que toda tecnología es capaz de ayudarnos si existe el ingenio y la intención de llegar a todas las realidades, que los niños en todo el mundo merecen las mismas oportunidades y no deben ser jamás abandonados, sino apoyados.

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