Por Macarena Faunes
16 septiembre, 2019

La ciudad de Gander recibió a más de 60 mil pasajeros cuyos vuelos alcanzaron a desviarse de la gran manzana. Les dieron comida, techo, atención médica, todo sin costo.

Uno de los desastres más horribles que ocurrieron en la historia es el atentado a las Torres Gemelas, ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Estados Unidos. Terroristas islámicos secuestraron y estrellaron cuatro aviones de pasajeros en una de las construcciones empresariales más grandes de la gran manzana. Miles de personas inocentes fallecieron, pero hubo quienes tuvieron una segunda oportunidad, quienes iban en los vuelos internacionales que alcanzaron a desviarse hacia Canadá: La operación Yellow Ribbon.

Desde que se estrelló la segunda nave en los edificios, las autoridades aéreas de Estados Unidos ordenaron cerrar su espacio aéreo. 4546 vuelos fueron forzados a realizar su aterrizaje de inmediato en el aeropuerto más cercano. 5oo trasatlánticos y 90 transpacíficos estaban en el aire al momento del cierre, a los que sólo les quedaba una opción dirigirse al país vecino. 

Plumas Atómicas

Más de 40 mil pasajeros aterrizaron en los aeropuertos de Halifax y Gander. 47 vuelos tocaron tierra en la primera ciudad, capital de Nueva Escocia, la que tenía 40 mil habitantes por ese entonces. Gander recibió 38 aviones, pero u población no llegaba a lo 10 mil. Un gran problema cuando menos lo necesitaban.

Plumas Atómicas

Gander tenía un aeropuerto internacional capaz de recibir naves de fuselaje ancho, ya que fue parada obligatoria para reposar en los vuelos desde Europa hasta los años 70. Pero en el 2001 era un recinto pequeño, con menos de 10 vuelos diarios, la mayor parte de ellos de aviación general. Con la catástrofe que sucedió al sur de Manhattan, la ciudad se convirtió en el destino de docenas de aviones.

WNYC

 Seis horas posteriores al cierre del espacio aéreo estadounidense, 38 naves de fuselaje y diversos Boieng 747 más grandes que la propia terminal, aterrizaron en Gander. 60 mil personas para un pueblo de 10 mil habitantes. Asumieron el aumento de su población de un 70% en menos de 10 horas.

Jasper Colt, USA Today

Miles de personas, tanto del país como fuera de este, ayudaron a Gander a recibir a las víctimas colaterales de las Torres Gemelas. Pese a sus diferencias de pensamiento, estaban unidos por esta noble causa.

Jasper Colt, USA Today

Ante el temor de que hubiera un terrorista entre ellos, los pasajeros tuvieron que esperar dentro de los aviones durante horas, sin saber el desastre que ocurría en la gran manzana. Cuando bajaron, permanecieron más de 48 horas en el aeropuerto, hasta que el espacio aéreo se abriera de nuevo. Un panorama oscuro hasta que llegó la gente de Gander.

Jasper Colt, USA Today

Los refugiados llegaron hasta el sector en sólo con lo puesto y con su equipaje. Tras dos días de tensión, horror y sin ducharse, miles de familias de Gander abrieron sus casas para recibir en sus hogares a más de tres mil personas. Uno de los actos de amor más grandes en esta tragedia.

Jasper Colt, USA Today

Les donaron ropa, productos de higiene personal, comida, pañales, entre otros. Una compañía de teléfonos instaló dos docenas de locutorios gratuitos para que los damnificados pudieran hablar con sus familias. Los colegios fueron cerrados y habilitados como dormitorios. Cientos de personas llegaron desde otros pueblos de la región con provisiones para ellos. Las necesidades básicas de ellos fueron cubiertas por completo por los ciudadanos y comerciantes locales. Un maravilloso trabajo en equipo.

Jasper Colt, USA Today

Los primeros pasajeros estuvieron tres días en la ciudad. Pese a que sabían que quizás no los volverían a ver en su vida, los ciudadanos los trataron como si fuesen habitantes del sector. Los invitaron de excursión a conocer la isla de Terranova, enfermeros y médicos se presentaron como voluntarios para cuidar a mujeres embarazadas. Incluso, les buscaron intérpretes para aquellos pasajeros que no sabían inglés. Una hermosa labor.

Jasper Colt, USA Today

Los refugiados se contaban sus experiencias entre ellos mientras estaban esperando que se abra el espacio aéreo. Crearon amistades que jamás pensaron que harían, menos en una situación como esta, con miles de desconocidos.

Jasper Colt, USA Today

Para agradecerles, un pasajero abrió un fondo para pagar la Universidad de los estudiantes de Gander. Esperaban recaudar miles de dólares y juntaron millón y medio.

Jasper Colt, USA Today

Gander será recordado por su noble corazón a la hora de ayudar a los más necesitados. Sin importarles que eran desconocidos, les dieron calor de hogar a los refugiados. Los trataron como uno más de la ciudad, haciendo un poco más amena la horrible situación de la que fueron víctimas. No avalamos ningún tipo de agresión, mucho menos una masiva. Sin duda, Gander es y será un ejemplo de solidaridad.

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