Por Felipe Costa
22 febrero, 2021

Rachel Doese vivió toda su vida con disforia de género, sin poder aceptarse. Llegó a casarse pensando que así llenaría un hueco en su vida, pero aún así no estaba cómoda. Un año después de nacer su hija decidió por fin comenzar a ser quien es, ella aún le llama papá pero la apoya en todo y eso la hace feliz.

Uno de los valores más importantes en esta vida es poder aceptarse como uno o una es. Para muchas personas esto se transforma en un desafío e incluso en un problema debido a que se crían en una sociedad que constantemente juzga las diferencias y lo poco tradicional. Ya sean los gustos, la forma de vivir o la orientación sexual que uno tenga, nunca es tarde para ser transparente con el mundo y dejar de vivir escondido, informa Metro.

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Rachel Doese, es una mujer transgénero de 30 años que se identificó como tal una vez que ya había “formado su vida”. Teína una esposa y una pequeña hija de menos de un año cuando por fin se asumió como era, un secreto que incluso ella no quería creer.

Vivió con disforia de género toda su vida, lo que además de hacerla sentir incómoda le causaba serios problemas de depresión que intentó esconder. Casarse fue parte de su idea de convencerse así misma que formar una familia era lo que necesitaba.

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En 2011 conoció a Lindsay, de quien aseguró haberse enamorado, pero más que eso, era la emoción de estar llenando un vacío, hasta que llegó el matrimonio. La pareja parecía vivir feliz por tres años antes de que Lindsay quedara embarazada. Sin embargo, desde el nacimiento de Raelee, pasaría poco tiempo hasta que se separaran.

Desde entonces Rachel comenzó a asumirse como quien era. Comenzó a usar maquillaje y, en un intento por ser ella misma, empezó un tratamiento de hormonas. Solo cuando aparecieron los primeros cambios se lo contó a su familia y amigos. Raelee aún era muy pequeña, por lo que no veía los cambios como algo extraño.

Cuando Raelee cumplía los tres años, le preguntó a Rachel por qué usaba maquillaje, ella le contó que porque le gustaba y desde entonces no volvió a preguntar, lo aceptó y la apoyó.

La niña ha crecido bajo un ambiente en que ha desarrollado una mente abierta, jamás la han forzado a expresarse o pensar de una manera en particular, por lo que su visión de mundo se ha dado de manera natural. Rachel cuenta que Raelee sigue llamándola papá, ella la respeta y no tiene problema en que sea así. Cuando su hija la ve maquillándose y poniéndose vestidos, le encanta hacerle cumplidos e incluso dar su opinión.

Pese a vivir en una zona que ella denomina como conservadora dentro de Estados Unidos, dice que jamás a sentido ni una pizca de odio hacia ella ni tampoco alguna situación de discriminación, ello la alienta más a seguir su proceso de cambio. En su vida ha sido una excelente profesional, exitosa en los negocios, solo le faltaba completarse consigo misma para ser feliz.

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