Por Alejandro Basulto
17 junio, 2020

Joan Donaldson y John Van Voorhees son dueños y operadores de un cementerio, donde plantaron 4 acres de amapolas. Las flores favoritas de las abejas, el insecto que criaba su hijo.

Perder un hijo debe ser uno de los dolores más grandes que puede sufrir una persona. Debido a que todo padre o madre, espera ser él quien sea enterrado por su hijo y no al revés. Pero la vida no siempre es como uno espera, y lamentablemente, pueden desencadenarse sucesos que logran convertir las peores pesadillas, en una realidad. Como lo que vivieron Joan Donaldson y John Van Voorhees, quienes son dueños y operadores de  Pleasant Hill Blueberry Farm en Fennville, Michigan, en Estados Unidos.

Joan Donaldson

Pareja que hace un tiempo tuvo que lamentar la muerte de su querido hijo adoptivo, Mateo Donaldson, el que tras desempeñarse como apicultor en la granja, tuvo que cumplir su deber en Afganistán. Hecho bélico y complejo, que le significó volver con trastorno de estrés postraumático a su país. Mateo se encontraba tan mal, que no halló mejor opción que suicidarse. Ante lo que sus padres, además de llorar a mares, se propusieron crear una obra para honrar su memoria.

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Sabiendo que a su hijo le gustaba la apicultura y en general, trabajar con abejas, decidieron instalar en el cementerio de Fennville, el cual operan, un gigantesco campo de flores rojas, blancas y azules. Empezaron hace dos años, cuando se lo propusieron tras la muerte de su hijo, y hoy este lugar es un atractivo turístico y un espacio donde siempre pueden recordar los mejores tiempos que vivieron con Mateo.

«Es un campo de cuatro acres [1,6 hectáreas] y planto las amapolas en el otoño (…) Las semillas de amapola son como el polvo; hay como 875.000 por libra [875 mil por casi medio kilogramo] (…) Lo plantamos con un néctar de flores silvestres para las abejas de nuestro hijo»

– dijo John Van Voorhees a WZZM.

«Decidimos crear el campo de amapolas en memoria de él, porque todas estas flores alimentan a las abejas y las mariposas, que tanto amaba cuidar. No está enterrado muy lejos de este campo»

– explicó Joan Donaldson.

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De hecho, la tumba de Mateo se encuentro tan solo a 61 metros del campo de amapolas en su honor. Desde sus padres, aseguran que él lo está cuidando y vigilando. Además de que este florido lugar, ha servido como un espacio de reflexión y descanso para muchos otros soldados que lo visitan y sufren lo mismo por lo que Mateo padeció.

«Un par de otros veteranos se acercaron a mí y me dijeron: ‘Tengo TEPT, pero cuando estoy parado mirando ese campo, puedo sentir tanta paz’ (…) Ha sido un año duro (…) Esperemos que este campo les dé a las personas un sentido de esperanza y alegría interior (…) Solo pedimos que no camines por el campo y por favor no recojas las flores (…) Todos son bienvenidos (…) Disfruto viendo la reacción de la gente [al campo] cuando están aquí (…) Creo que, en su mayor parte, vivimos en un mundo en el que las personas no proporcionan suficiente belleza, ni piensan en eso, ni en cuánto podría significar para ellos. Entonces, tal vez cuando se encuentran con una situación como esta, comienzan darse cuenta de cuánto lo necesitan»

– contó Joan.

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En la actualidad, este campo de amapolas en honor a un valiente soldado que solo quería dedicarse a la apicultura, se encuentra en su máximo apogeo, mientras que se pronostica que para el 4 de julio, su impactante belleza se habrá terminado. Un lugar que le sirve tanto a un par de padres para recordar a su difunto hijo, como también a muchos otros que están pasando por lo mismo que él sufrió.

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