Por Alejandro Basulto
29 julio, 2020

En el norte de Santiago, un grupo de fieles de la comunidad de San Alberto de Sicilia, proporciona este preciado y fundamental alimento a decenas de hogares que se encuentran en la zona.

Chile es uno de los países que más gravemente ha sido afectado por la pandemia del coronavirus. Lo que se ve en sus cifras, acumulando más de 345 mil personas contagiadas y más de 9 mil víctimas fatales hasta la fecha. Estadísticas que colocan a este país, junto a Perú y Brasil, como los con mayor mortandad cada 1 millón de habitantes en Latinoamérica. Realidad que ha significado una crisis no solo en el sentido sanitario, sino que también en el social y económico. Lo que a su vez, ha provocado la aparición generalizada, de entre otras cosas, ollas comunes.

Agencia Uno

Y es ante realidad, que primero las autoridades pertinentes reaccionaron enviando ayudas para las familias. Como ha sido con los beneficios de un «Ingreso Familiar de Emergencia» y cajas con mercadería básica, que se han ido entregando a los diferentes hogares de la la capital del país, y en caso del primero, en toda la nación.

Además, las personas se han organizado en torno a ollas comunes, y en la parroquia San Alberto de Sicilia instauraron una «panadería solidaria».

Imagen de referencia | Pixabay

Tal como dice su nombre, los fieles de esta comunidad religiosa ubicada en la comuna de Recoleta, en Santiago, se unen en torno a una mesa, para que con delantal, mascarillas y alcohol gel untado previamente en su manos, manipular todos los ingredientes y así después amasar el pan, para posteriormente colocarlo en el horno.

Y luego, con paciencia, pasado cierto tiempo, retirarlo tras su coacción. Lo siguiente es salir a repartirlo en bolsas entre los vecinos más necesitados.

Imagen de referencia | Pixabay

Tres laicas son las que llevan a cabo esta noble tarea, que es coordinada por el padre Ignacio Gramsch Labra, párroco y vicario zonal, quien ha ayudado a conseguir los insumos, además de pagarle a las cocineras, que antes de su encuentro con él, se encontraban sin trabajo. «No es una gran cantidad, pero nos ayuda en algo para nuestras casas”, dijo una de las cocineras, Monica Meza a Vatican News.

“Además, hay dos varones que nos colaboran gratuitamente a cocer y repartir nuestro pan (…) He visto tantas sonrisas en la gente que recibe el pan. Me dicen: ‘Padre, ¡qué bonito, qué sorpresa!’ Con esto no vamos a resolver el hambre de aquí, pero es un granito de arena, es un pancito que alegra y siempre les decimos: ‘Esto te lo manda Jesús’ y la gente se pone contenta. El pan es regalado. Nosotros no cobramos nada»

– contó el padre Ignacio Gramsch Labra.

Vatican News

La iniciativa surgió del párroco, quien buscaba una manera de socorrer a las comunidades que más necesitan ayuda en este difícil momento a raíz de la pandemia del COVID-19. Por lo que se comunicó con las laicas que viven en la zona, redactaron el proyecto y se lo presentaron a una fundación que con un pequeño aporte se los financia.

Pan de Cristo

“A lo largo de mi vida he tratado de ayudar al prójimo gota a gota, pero lo que hoy hacemos me llena el corazón, al saber que gracias a nuestra panadería hay personas que tienen algo para comer»

– declaró con orgullo, Mónica Meza.

Al día elaboran aproximadamente 400 panes amasados, o «hallullas», según el lenguaje local. Alimento hecho por ellos que son más contundentes que los fabricados en panaderías tradicionales, y que los reparten a través de los agentes pastorales que viven en el área parroquial, para que ellos que conocen a las familias con niños y a los que más tienen hambre, le hagan llegar la ayuda.

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