“Hace unas semanas se me acercó una de mis vecinitas a preguntarme si podía usar mi internet para hacer sus tareas. Claro que sí, le dije, ya que también tengo hijos y sé cómo es estudiar así”, dijo Don Juan Ramón Caballero.

La pandemia de coronavirus ha afectado a la sociedad de distintas formas. Aunque la más grave de todas es la pérdida de vidas que ha traído esta crisis sanitaria, el distanciamiento e interrupción de actividades también ha generado importantes daños.

Una de las área que más problemas ha tenido para continuar desde que se anunciaron las medidas de aislamiento es la educación. Y es que, para continuar con las clases, los planteles educativos han tenido que impartir el contenido a través de aulas virtuales.

Unsplash (foto referencial)

No obstante, aunque parezca una opción temporal para no paralizar el año escolar, para muchos es una tarea sumamente difícil conectarse a las clases en línea, ya sea por la falta de equipos apropiados o simplemente por no contar con servicio de internet, como es el caso de estos pequeños en Los Naranjos, Ñemby, en Paraguay.

Los niños de esta localidad tenían severos problemas para continuar con sus estudios en internet, por lo cual un peluquero del barrio tuvo un gesto noble con ellos, para que asistieran a sus clases. Don Juan Ramón Caballero habilitó el wifi de su local para que los chiquillos se conectaran.

Daniel Ñamandú

“Hace 30 años que trabajo en la peluquería acá, mucho cambió en la pandemia. Hace unas semanas se me acercó una de mis vecinitas a preguntarme si podía usar mi internet para hacer sus tareas. Claro que sí, le dije, ya que también tengo hijos y sé cómo es estudiar así”, comentó Caballero, en conversación con Extra.

Así como fue al principio esta pequeña, se le unieron más jóvenes estudiantes que presentaban el mismo inconveniente, pero el hombre de 65 años no tuvo problema para que más de ellos se vieran beneficiados.

Daniel Ñamandú

De esta forma, los niños se comenzaron a acerca hasta la peluquería con una mesita de madera y unos baldes de plástico, que usaban como sillas para sentarse a estudiar. Esta acción del peluquero fue aplaudida por los padres de los chiquillos, pero también por la comunidad en general.

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