Por Cristofer García
13 enero, 2021

“Me conmovió mucho. Nos quejamos de la vida, pero hay gente que está peor que nosotros, ¡sin nada que comer!”, dijo el cabo Giresse de Souza Cándido.

Durante esta pandemia de COVID-19, que continúa este 2021, las personas que atravesaban problemas económicos anteriormente han visto su situación empeorar. Por ello, cualquier apoyo que se reciba será muy agradecido.

Este es el caso de Sara y Rayevilly, dos niñas de una familia humilde en Guaratiba, Río de Janeiro, Brasil, que ante la falta de dinero fueron hasta a un supermercado con la esperanza de conseguir fiado algo de comida para el almuerzo. En casa todo se había acabado, solo tenían una botella de agua dentro de la nevera, la cual solo sirve como un armario luego de que se dañara.

Policía Militar

Según reseñó Extra, las dos primas de 11 años caminaron 4 kilómetros desde su casa hasta el mercado, donde tomaron pretendían llevar arroz, frijoles, carne, café, guayaba, chocolate y un par de pantuflas. Sin embargo, cuando los trabajadores del local vieron a las pequeñas solas con el carrito les resultó extraño.

Fue en ese momento cuando dos funcionarios de la Policía Militar decidieron intervenir. Tanto otros clientes como empleados y la propia policía se cuestionaban dónde estaban los representantes de las chiquillas y les intrigaban cómo iban a pagar el mercado.

Extra

Cuando indagaron un poco más, los uniformados descubrieron que las pequeñas habían huido junto a su abuela desde João Pessoa, Paraíba, hasta Río de Janeiro, debido al violento padre de una de las niñas.

Por esta situación, no tenían forma de sostenerse económicamente. El testimonio fue tan conmovedor que los oficiales, con apoyo de uno de los gerentes, decidieron pagar el mercado de las chiquillas.

Policía Militar

“Me sorprendió lo que escuché de la chica. Lo que estaban comprando no era gran cosa. En la conversación, Rayevilly, la más habladora, dijo que la abuela podía explicarse mejor. Tomé la dirección de ella y fui a la casa familiar”, contó el cabo Giresse de Souza Cándido, de 33 años.

“Conocí a doña Maria do Rosário (62 años) con otros nietos, su hija y su yerno. Todo el mundo viviendo en una casa estrecha. Me conmovió mucho. Nos quejamos de la vida, pero hay gente que está peor que nosotros, ¡sin nada que comer!”, agregó.

Extra

Mientras, el sargento Alexandre Alves Henriques, de 48 años, relató que, al conocer en persona la situación, quedó impresionado por la precariedades que vive esta familia. “En total hay 10 personas en la propiedad. Los adultos están desempleados. Solo la matriarca recibe una ayuda de 600 reales del gobierno federal, de la cual gasta 500 en alquiler, que tiene un mes de atraso“, dijo.

Todo esto ocurrió el pasado 30 de diciembre de 2020, por lo cual esta familia cree que esta ayuda llegó como una señal. Esperan que el 2021 sea mucho más exitoso para ellos. “Ahora sueño con que todos estén empleados, un nuevo frigorífico que funcione y una cama”, dijo la abuela.

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