Por Camilo Morales
3 junio, 2021

Como Harrison Conner no puede ir a clases presenciales por su enfermedad, su profesora, Barb Heim, viaja 20 minutos y le hace clases personalizadas para que no se quede atrás. “Siempre hace lo mejor que puede”, dijo.

En los colegios los estudiantes pueden tener distintas dificultades al momento de asistir a clases. Pero hay niños y jóvenes que sufren enfermedades tan graves que no pueden ir a sus establecimientos de forma permanente. 

Para aquellos estudiantes que no puedan asistir a rendir sus pruebas existen diferentes estrategias, como dar exámenes libres desde sus casas. Sin embargo, hay una profesora de la Escuela Primaria Conneaut Valley en Pensilvania, Estados Unidos, que ha querido hacerle frente a esas dificultades de otra forma.

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Se trata de Barb Heim, quien luego de terminar sus clases presenciales en la escuela, viaja 20 minutos hasta la casa de un estudiante que sufre de leucemia, según información de Today.

El estudiante de segundo grado es Harrison Conner, de quien Barb se encarga para que todos los días pueda aprender sobre las distintas materias y que no se quede atrás. Además de eso, la maestra le entrega la fuerza y confianza suficientes para que pueda aprender, a pesar de lo difícil que es sobrellevar su enfermedad.

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Harrison comenzó hace dos años con algunos problemas de salud. Según su profesora, siempre lo veía pálido y sentado en el gimnasio, mientras sus compañeros jugaban. Un día, un helicóptero se lo llevó de urgencia hasta el hospital. Ahí fue que le diagnosticaron leucemia.

Es por eso que en su escuela, desde que volvieron a clases presenciales en otoño, le permitieron poder seguir en su casa debido a sus complicaciones de salud. “Fue una alegría, porque sabía que él quería aprender. No podía esperar. Estaba tan emocionado. Y tendría sus días libres si la medicina le hiciera sentir mal (…) Siempre hace lo mejor que puede“, detalló Barb.

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Lo más curioso es que antes de que el Zoom fuera habitual para las clases, producto de la pandemia, Barb ya aplicaba ese mecanismo con Harrison. Luego, al comenzar las clases presenciales, la maestra decidió que era mejor visitar a su estudiante. Obviamente, siguiendo todos los protocolos sanitarios, como mascarillas.

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Para la madre del niño, Suzanne Conner, esto significa más que un simple aprendizaje. Para ella, la visita de la profesora demuestra el cariño que ella tiene por su estudiante. “Desde el momento en que le diagnosticaron ella ha sido absolutamente increíble. Ha mantenido a Harrison como parte de la vida de los niños en la escuela y se ha asegurado de que se sienta recordado“, dijo.

Además, explicó que le lleva golosinas y que se queda conversando con el niño y con su familia. A medida que han pasado los años, Barb ha logrado una conexión especial con Harrison que va más allá de los libros. “Tengo suerte de ser su maestra. Soy afortunada“, cerró la profesora.

 

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