Por Alejandro Basulto
26 agosto, 2020

En una zona remota de El Salvador, esta dedicada docente se las ha arreglado para que ningún niño de su clase se quede sin educación.

Cuando uno ve a la salvadoreña Cecilia Elizabeth González de Gonzalez recorriendo las remotas vías del municipio de Armenia, en Sonsonate, uno muy difícilmente pensaría que es una profesora que va camino a la casa de sus estudiantes para entregarles sus tareas y revisarlas. Pero así es como ella ha enfrentado las consecuencias de la pandemia del COVID-19 para sus estudiantes del cantón El Cerro. Pequeños, que debido a su compleja realidad socioeconómica, no tienen recursos para conectarse a través de plataformas como Zoom.

EDH / Menly Cortez

Cecilia González es una docente de 50 años que durante 12 años se desempeñó como tal en un colegio privado, siempre con la esperanza de que se le diera la oportunidad de poder dar clases en un establecimiento educativo para los niños del campo. Fue así como le ofrecieron un puesto en una escuela donde hace un mes que no tenían profesora debido a que la anterior se había enfermado. Como El Cerro queda muy lejos y es difícil llegar al establecimiento, costaba hallar maestros interesados en suplirla, pero “Ceci”, como le dicen sus estudiantes, lo hizo feliz.

EDH / Menly Cortez

Sin embargo, poco después llegó la pandemia del coronavirus, que significó un gran reto para el sistema educativo de su país. Ante lo que las autoridades de El Salvador, decidieron darle continuidad a las clases a través del programa, “Plan de Continuidad Educativa”que fue realizado por el Ministerio de Educación. Pero no todos los estudiantes tienen familias con la capacidad de adquirir un computador o teléfonos con acceso internet, por lo que este plan de clases online, no le podía llegar a todos.

EDH / Menly Cortez

La rural y de pocos recursos escuela de Ceci, mientras tanto, en algún momento llegó a tener un centro de computación donado por la Unión Europea, hace más de tres años, pero fue robado. Por lo tanto, el director Raúl Vargas Salazar decidió que la profesora Cecilia González tenía que atender una vez por semana a los estudiantes en sus hogares. Misión que tenía como obstáculo, la forma de trasladarse, debido a las calles peligrosas y empinadas de las viviendas ubicadas entre montañas. Sin embargo, ella no bajó los brazos y mostró total disposición para cumplir con el objetivo de no dejar a sus niños sin educación. Apareciendo ahí la cuatrimoto que se compró.

“Yo así lo siento en mi corazón hacerlo, muchas personas me critican porque en medio de la pandemia continúo viajando. Los niños no pueden esperar porque es un año que si no vengo van a perder ese año de enseñanza, va a ser un vacío, pero hemos ayudado que ese vacío sea menor, era necesario hacer todo esto (…) He tratado que los niños no pierdan el hilo de la educación. No espero que nadie me agradezca, solo lo hago por el gran cariño que les tengo a los niños (…) Mi anhelo de dar clases me ha impulsado a hacer todo esto, algo que jamás me imaginé que a los 50 años fuera a agarrar una cosa de esas [en referencia a la cuatrimoto] en estas calles, tan peligrosas, con barrancos”

– dijo a El Salvador.com, Cecilia González.

EDH / Menly Cortez

Las familias y toda la comunidad educativa está muy agradecida del trabajo que realiza esta docente, lo que se ve por cierto, también en los niños. “Me impactó ver cómo los niños aun sin conocerme me salían a abrazar. Una niña me vino a encontrar y me dijo: ‘¿Señora usted no nos va a dejar? verdad que va a venir mañana’, me dijo, y yo les respondí, ‘claro que voy a venir mañana'”, contó la profesora Ceci. Y a pesar de que su vehículo, el que aprendió a utilizar en tan solo dos días, ya comenzó a presentar fallas, ella sigue perseverando para estar ahí, en la casa de sus estudiantes cada semana, luego de recorrer siete kilómetros en calles remotas y peligrosas.

Puede interesarte