Por Simona Villela
5 diciembre, 2018

El atuendo tenía un valor sentimental que el dinero simplemente no podía comprar.

Ally Johnson se robó todas las miradas en el día de su graduación. A diferencia de sus compañeras de clase, Ally decidió innovar radicalmente al no comprar un vestido de 1.000 dólares y usar uno que más que un valor monetario, tenía un valor sentimental incomparable, lo que provocó que esa noche fuera aún más mágica de lo que ella imaginaba. 

No se trataba de un vestido que había ganado en un concurso o uno que había sido utilizado por una celebridad, sino que éste había sido escogido por su madre para su propio baile de graduación, hace 22 años en 1995. Y es que a pesar del tiempo que ha transcurrido, Ally logró adaptar el vestido a la época y lució completamente perfecta.

«Orgullosa de usar el vestido de graduación de mi madre 22 años después».

Aquí veamos un poco más a madre e hija separadas por el tiempo:

La brillante idea ha sido celebrada por usuarios de todo el mundo, quienes la han felicitado de forma pública por haber preferido un vestido con historia, antes que uno que le hubiera costado miles de dólares. Además de que éste se encuentra en perfecto estado, Ally logró hacer feliz a su madre, quien lloró de emoción al ver a su hija con su ropa en uno de los días más importantes de su vida. 

La iniciativa surgió cuando su madre le ofreció el vestido, pero ella no lo aceptó. Con el tiempo y tras fallar en repetidas ocasiones buscando el vestido perfecto, Ally decidió darle una segunda y se probó el vestido. El resultado las dejó atónitas, ya que el vestido le calzaba perfectamente. 

«Quedé sorprendida porque mi madre tenía una figura muy diferente a la que yo tengo».

Ally Johnson

¿Qué te parece la iniciativa?

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