Por Camilo Morales
23 julio, 2021

Se trata de Sebastião Duque, un hombre de 66 años que luego de haber estado al borde de la muerte en 1998, decidió dedicar su vida a ayudar a quienes lo necesitan. “Todos compartiendo, uniéndonos, dando una mano, nos hacemos más grandes”, dijo.

Hay personas que siempre están dispuestas a brindar una mano, sea cual sea la realidad y contexto en el que están viviendo. Muchas veces, los que menos tienen son los que ayudan más. Tal como el caso de un recolector de reciclaje que en el barrio de Rio Doce de Olinda, en Brasil, ha logrado aportar con su grano de arena.

Se trata de Sebastião Duque, un hombre de 66 años que durante mucho tiempo se ha dedicado a la separación de residuos y productos reciclables, con los cuales obtiene dinero que utiliza para financiar una escuela para niños vulnerables, según informó Razoes para Acreditar.

Razoes para Acreditar

La escuela se llama Nueva Esperanza, en donde se imparten dos clases hechas por dos profesores. Gracias al esfuerzo de Sebastião, este recinto ha podido educar a 40 niños de un rango etario de 2 a 6 años. Sin embargo, antes la escuela tenía una capacidad para 100 estudiantes, solo que el aforo se bajó por la pandemia de COVID-19.

Sebastião siempre ha estado preocupado de su comunidad, a la que ayuda desde hace años, ya que prometió siempre tender una mano luego de haber pasado por momentos oscuros de su vida. Estuvo a punto de morir en 1998 cuando fue asaltado y acuchillado en la calle

Razoes para Acreditar

En 2014 comenzó a dedicarse a la construcción de viviendas recolectando los materiales necesarios, como cemento y ladrillos. Luego de haber levantado más de 30 casas para sus vecinos comenzó la construcción de la escuela, la que mantuvo económicamente solo con los ingresos que le daba su oficio de recolector de productos reciclables. 

Razoes para Acreditar

Hoy los padres de esos niños le pagan una mensualidad simbólica de 8 dólares que va directo al sueldo de los profesores, para que así puedan impartir las clases diariamente.

Pero a pesar de que sea el principal protagonista de esta historia, según Sebastião, más que su obra es la obra de un grupo de personas. “La gente cree que hago todo, pero no lo hago. Nosotros somos los que lo hacemos. Todos compartiendo, uniéndonos, dando una mano, nos hacemos más grandes“, explicó.

Razoes para Acreditar

Con ese espíritu, dijo que continuará ayudando a su comunidad y que seguirá adelante con la escuela Nueva Esperanza. “Al final de mi vida, lo que quiero es un amigo más cercano a mí. Mientras pueda, y la gente me ayude, todos los años entregaré una casa a quien la necesite, cerró.

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