Por Alejandro Basulto
4 septiembre, 2019

Taryn Skees escribió una carta agradeciendo a las trabajadoras de la salud, que con su ternura y dedicación, tranquilizaron a su hijo cuando ella no pudo.

El nacimiento de un hijo, siempre es un momento especial para los padres. Es el surgimiento de una nueva vida, un nuevo ser humano que les acompañará por el resto de los días. Pero en ocasiones, también es un día de muchas emociones que no son las que uno quisiera tener en un momento tan bonito e inolvidable. Como por ejemplo, la preocupación y el miedo, que en este caso, sintió Taryn Skees y su esposo Ricky, tras que naciera su hijo Aiden.

Taryn Skees

Debido a que el escenario no fue el que ellos esperaban. Médicos callados, luces tenues y las máquinas sonando, hacía de uno de los momentos más bellos de la vida, uno lleno de suspenso. Y es que su hijo, pasó 2 semanas en urgencia debido a que fue diagnosticado con una condición extraña, llamada Síndrome de Apert. Que había deformado todo su cuerpo y por lo que tenía ser atendido hasta que estuviera fuera de peligro. Mientras, sus padres, estuvieron durante los 14 días que duró esta intervención médica, en una habitación familiar de Ronald McDonald House, sintiéndose culpables por no poder tocar a su hijo.

Ese último trabajo lo hicieron las enfermeras, que con ternura lo calmaron y consolaron. Pasando tras eso 7 años, en que Taryn todavía agradecida por los gestos de las trabajadoras de la salud, ha aprendido a curar su corazón tras poder pasar más tiempo con su querido hijo. Con tantos cables y tubos conectados a él en su nacimiento, Taryn no se atrevió a tocarlo por miedo a hacerle daño.

Taryn Skees

«Gracias por estar ahí para mi hijo. Mientras mis manos estaban temblorosas, temblando de miedo, tu toque cálido y constante lo tranquilizó cuando no pude»

– le escribió Taryn a las enfermeras por Love What Matters.

Por ello, les dedicó una carta. Para agradecer todo lo que hicieron por su hijo y por ellos, los padres que no supieron reaccionar en ese momento. También ellas les hablaron en términos directos, les enseñaron a darle el primer baño a su hijo y básicamente, fueron unas guías con mucha paciencia, en todo momento.

Taryn Skees

«Vi como médico tras médico entró para llevarlo de prueba en prueba. Hablar de hemorragias cerebrales, problemas de órganos, problemas respiratorios, retrasos mentales graves: me inundaron con tantos aspectos negativos que toda mi existencia se sacudió en su núcleo. Busqué lo normal. Y aunque dijeron que no podría amamantar a mi hijo debido a la anatomía de su boca, algo dentro de mí me hizo querer hacerlo. Cuando ya no estaba intubado, me dejas intentarlo. Me enseñaste trucos, levantaste una mecedora y ahuyentaste a los visitantes cuando me estaba frustrando»

– escribió también esta emocionada madre.

Tras el cumpleaños número 7 del pequeño Aiden, simplemente Taryn no podía dejar de pensar en las enfermeras que tanto les ayudaron.

 

 

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