Por Luis Lizama
2 agosto, 2021

Jimmy Cruz estaba melancólico por ver las calles vacías de Loíza. Muchos niños estaban encerrados, temerosos de salir por la pandemia y estresados, incluidos los nietos de Jimmy. Dice que lo hizo “para entretener los nenes de la comunidad. Y están bien contentos. Cuando yo lo prendo ellos arrancan a montarse”.

La pandemia sigue causando temor en muchas personas, con justificada razón: Todavía no ha acabado y sigue siendo un peligro latente. Esto ha generado que la población se aísle y se cuide, en ocaciones dejando las calles vacías.

Ver esta situación, en el sector El Lobo de Loíza (Puerto Rico), daba mucha tristeza a don Jimmy Cruz. Los niños del barrio estaban estresados y temerosos, incluidos sus propios nietos.

Entonces decidió fabricar un trencito para animarlos, con todas las medidas de seguridad correspondientes. No quería verlos tristes.

Primera Hora

Jimmy trabajó por años en el control de estas máquinas, obviamente no para niños, sino para trabajos reales. 

Cuando notó esta triste situación, en que los niños atravesaban un mal momento, decidió echar a volar su imaginación. Con todo el conocimiento de años de servicio, partió a la ferretería y se puso a trabajar.

A pesar de no ser obligatorio, muchos pequeños y sus padres seguían en aislamiento.

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Con su primer prototipo, hizo pruebas en sus nietos y amiguitos del vecindario. Quedaron felices.

“Ahora, con lo de la pandemia, veía a los niños encerrados, mis nietos… cuatro paredes. Y me daba miedo sacarlos. De verdad me daba mucho miedo sacarlos, les decía a los padres no los saques mucho porque esto está malo. Pues se enzorraban y veía a los vecinitos que venían pa’ acá enzorraditos. Y pues decidí fabricarles el trencito.

La idea viene de cuando yo trabajaba en el Monoloro. De eso van más de 30 años. Yo era el chofer del trencito del Monoloro. Le daba mucha atención a eso y veía que se divertían mucho los niños, se divertían los adultos, porque era un trencito grande. Y siempre quería tener uno”.

–comenta Jimmy a Primera Hora

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Y cuenta que, como no había soldadores disponibles, hizo todo en base a tornillos.

Con esfuerzo y dedicación, por ver felicidad en los niños, terminó con una máquina de alegrías.

“Hasta que lo armé. Y entonces decidí probarlo, llamé a los niños, monté a mis nietos, llamé a los vecinitos, y les dije, ‘vénganse, vamos a probar el trencito’. Y eso fue una cosa, que esos muchachos gozaban ahí montados. Y yo bien contento, porque mientras ellos gocen, yo gozo, porque eso es algo, se entretienen demasiado los nenes. De verdad que se entretienen mucho.

Se convirtió en una atracción. Yo le dije a los papás, si le gustó el trencito, cuando tengan un cumpleaños avísenme rapidito que yo vengo y le pongo el trencito, y montamos los nenes y van a gozar muchísimo. Y están ellos bien contentos.

Cuando yo tengo el tiempito y ellos están por ahí, pues móntense ahí y vamos a dar una vuelta. Lo que no quiero es que los niños estén en cuatro paredes. Eso los hace sentir bien mal, bien mal. No sabía que iba a salir tan bueno esto. No me imaginaba. Pero estoy bien contento. Todos, los papás, la líder comunitaria, todos me han apoyado mucho, están bien contentos”.

–explica don Jimmy–

Sin dudas que es un gesto noble, lleno de solidaridad y con el solo fin de provocar felicidad. Esto se agradece y, por lejos, la mejor paga es la sonrisa de un niño.

Merece ser aplaudido. Mucha gente ya lo admira.

Lo que ha hecho don Jimmy ha sido celebrado en redes sociales, porque representa el futuro, la solidaridad y el amor necesario para seguir adelante.

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