Por Felipe Costa
17 diciembre, 2020

De familia humilde, Deolinda llegó a sus 12 años a trabajar en la empresa de Juan. Lo que aprendió fue gracias a él, creando un hermoso vínculo. Hoy el anciano tiene 80 años y, pese a no tener herederos de sangre, se ha ganado una hija que cuidará de su negocio con el cariño que merece.

Trabajar toda una vida en lo que uno ama, sacrificarse como nadie por ver el fruto de su esfuerzo crecer y compartir aquello. Nadie en esta mundo llega sabiendo con quién disfrutará sus logros. Lo establecido por la sociedad es crecer, formar una familia, tener hijos y si es el caso heredar los bienes a los de la misma sangre, pero no siempre es así, a veces la familia se compone de otras formas y terminan siendo relaciones igual de hermosas.

LV16

Juan Moreyra es un comerciante de Moldes, en Córdoba, Argentina, tiene 80 años y  fundó una empresa hace 64, Gomas Moreyra. Por su estado de salud, hoy es incapaz de mantener el mismo el negocio funcionando. Juan está casado, pero al no contar con ningún heredero tuvo que pensar a quién dejarle su querido negocio. Para su suerte no tuvo que pensarlo mucho, ya que siempre tuvo a una persona de confianza a su lado, Deolinda, su empleada, cuenta el medio LV16.

Deolinda lleva trabajando para Juan hace 40 años, comenzó cuando tenía 12. Eran otros tiempos, la mujer era de familia humilde pero con muchos hermanos y al no poderlos mandar a estudiar a todos, a algunos les tocó trabajar.

El doce

Fue así que conoció a Juan y a su esposa. Llegó a la empresa solicitando un empleo diciendo que hacía de todo, pero la verdad es que no hacía nada, todo lo que sabe lo ha aprendido gracias a Juan y la empresa. Con el matrimonio creó un vinculo inseparable, se transformaron en su segunda familia.

La primera gran fiesta de cumpleaños de Deolinda fue gracias a Moreyra, incluso cuando se casó, Juan fue su padrino de bodas y su esposa la testigo. Además las primeras vacaciones que tuvo fue con ellos que la llevaron como a una hija.

Juan cuenta que la decisión de heredarle su empresa fue conversado con su esposa antes de fallecer, quien no dudó un instante la propuesta de su marido. Deolinda era parte de la familia más que una empleada.

El doce

“Extraño mucho a mi esposa, fuimos muy felices. Disfrutamos bien, salíamos a cenar, nos íbamos todos los años de vacaciones, no le pedimos nada a nadie, ni me jubilé, ni nada”.

–Juan Moreyra a LV16

El anciano de 80 años agradece a Dios que pese a haber tenido un matrimonio sin hijos, la vida le pusiera en el camino a Deolinda, de quien no tiene dudas que le cuidará la empresa tal como él la ha cuidado todo este tiempo. A día de hoy la firma ya está a nombre de esta mujer que ha encontrado en en un trabajo una hermosa familia.

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