Por Carla Cappello
11 diciembre, 2017

«Una semana antes de comenzar mi último año de secundaria, descubrí que tenía una hermana mayor que había sido dada en adopción poco después de nacer. Encontrarla se convirtió en mi misión», relata Catherine.

Hace 2 años, Catherine Roland de 17 años, atravesaba las mismas inseguridades que cualquier adolescente: ¿Que voy a estudiar? ¿ A qué universidad voy a ir? ¿Con quién voy a ir al baile de graduación? Pero nunca se imaginó que durante ese último año de escuela, descubriría algo mucho más emocionante que cualquiera de las cosas que le estaban sucediendo, Seventeen recogió su historia.

«Una semana antes de comenzar mi último año de secundaria, descubrí que tenía una hermana mayor que había sido dada en adopción poco después de nacer. Encontrarla se convirtió en mi misión»

CATHERINE ROLAND

Catherine, quién había crecido con dos hermanas menores y un hermano pequeño se enteró de la existencia de su hermana mayor en un día común y corriente. Una mañana se encontraba junto a sus dos hermanas y su madre en el auto, haciendo compras. Las dos menores se habían quedado dormidas, cuando su madre le dijo «¿Tu me amas, verdad?» Ella respondió de inmediato que sí, aunque se sentía confundida por tal pregunta. fue entonces que su mamá se lo confesó: «Tienes una hermana mayor», y comenzó a llorar.

CATHERINE ROLAND

No se sorprendió. Ella nunca se lo había mencionado a su madre, pero en el fondo siempre lo supo, asegura. «Siempre lo supe, nunca tuve las cualidades que una hermana mayor debería tener», asegura Catherine.

Su mamá respondió a todas sus dudas. Su nombre era Kiersten, tenía 18 años y vivía en Utah. Pero había una pregunta que no podía evadirse ¿Por qué su madre había decidido darla en adopción?

La respuesta fue dolorosa: su madre había sido violada en la universidad. Ella y el padre de Catherine ya habían comenzado a salir y con la esperanza de que el bebé fuera de el, siguió con el embarazo. Pero al nacer la niña, el test dio negativo, por lo que decidió darle una mejor vida con otra familia.

CATHERINE ROLAND

Fue difícil de procesar. Enterarte que tienes un hermano pero no poder hacer nada con la información fue difícil para Catherine quién sentía la necesidad de encontrarla para sentirse completa, ya que según cuenta, sentía que una parte de ella estaba perdida.

Tenía su nombre… sólo eso. Pasó horas y horas sentada frente al computador intentando encontrarla de algún modo. mientras todos sus amigos pensaban en típicas cosas de adolescentes, ella tenía una misión más importante que cumplir, y era encontrar a su hermana. 

Pasaron meses, y hasta un año. Catherine había dejado de buscarla sin esperanzas ya de encontrarla. Pensaba que quizás no quería que la encontraran. Lo que ella no sabía, es que a 800 km de distancia, Kiersten también buscaba a su madre, hacía años.

Durante su primer año en la universidad, Catherine recibió el llamado que tanto había esperado. La madre adoptiva de su hermana, había contactado a su madre contándole que Kierten quería conocerla. fue una emoción gigante para ambas.

CATHERINE ROLAND

«Cuando logramos encontrarnos, nos miramos y lloramos mucho. dice Catherine», quién cuenta que no podía creer cuanto Kiersten se parecía a su mamá. Desde el día 1, nos dimos cuenta de que compartíamos muchas cosas.

Hablamos muchísimo, nunca cortamos la comunicación y ya tenemos planes de vernos nuevamente.

«A veces pienso que perdimos mucho tiempo de estar juntas. Pero al final, tengo una hermana. Y eso es bienvenido siempre».

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