Por Pablo Román
23 agosto, 2017

Advertencia: Imágenes podrían herir a personas sensibles.

Rasa Prasceviciute-sept nació en 1980 y es hija de una familia campesina de Lituania. Siempre jugaba con su hermana Auschra a las escondidas en el campo. Una mañana, mientras realizaba este particular juego, un inesperado accidente ocurriría sólo a sus 3 cortos años de vida.

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Su padre, Vytautas fue a cosechar los campos mientras las pequeñas seguían jugando entre el césped alto. Encendió el vehículo y escuchó un escalofriante grito. 

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El pequeño cuerpo de Rasa estaba repleto de sangre y sus pies habían sido cercenado. 

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Tomó a la niña y la llevó al hospital cercano, pero los doctores no tenían mucha fe del futuro de Rasa: había perdido mucha sangre y el riesgo de morir en shock aumentó.

En 1983, la idea de volver a insertarle el pie a Rasa era imposible. Sin embargo, buscaron ayuda en Moscú y lograron persuadir a sus colegas de darle una nueva oportunidad a esta niña.

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Rasa estaba en condiciones deplorables al llegar a la capital. Sus extremidades, por falta de transporte, tuvieron que viajar dentro de una hielera con pescado congelado. 

Las expectativas estaban bajas porque pasaron 14 horas. Sin embargo, el doctor Ramasi Datiashvili fue el único en aceptar el desafío. 

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Ningún colega pensó en ayudarle y nadie creía que llegaría a resultar. No obstante, Datiashvili pasó 9 horas trabajando para restablecer el fluido de la sangre de los pies de Rasa.

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La operación sorprendió al mundo entero, fue la primera reinserción en la historia que había sido exitosa.  

Rasa tuvo que aprender a sentir y caminar con sus extremidades. Todo el la recuperación fue vigilada por Datiashvili.

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Nadie puede imaginar la difícil situación que tuvo que vivir Rasa. Su esposo se sorprendió al ver las cicatrices la primera vez.

¡Una historia con un final perfecto!

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