Por Alejandro Basulto
30 marzo, 2021

Luego de casi 4 meses encerrado en un hospital, Joan Soler Sendra, de 63 años, por fin pudo ver otro paisaje. Un sol y un mar que después de mucho tiempo iluminaron y empaparon su sonrisa.

Son más de 128 millones las personas contagiadas y más de 2.800.000 las víctimas fatales de la pandemia del COVID-19 en el mundo. Una epidemia que después de aparecer en Wuhan, en China, golpeó primero fuertemente en Europa. Países como Italia, Francia y España terminaron siendo gravemente afectados por esta crisis sanitaria mundial.

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De hecho, en esta última nación europea, actualmente hay más de 3.240.000 infectados y más de 75.200 fallecidos. Encontrándose cerca de sumarse a estos últimos el catalán, Joan Soler Sandra, de 63 años, quien llegó a estar 114 días internado en la UCI en su lucha por la supervivencia contra esta enfermedad.

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Este habitante catalán se contagió con el coronavirus luego de que sus dos hermanos también se infectaran en noviembre pasado en Catalunya. Ellos no tuvieron mayores complicaciones y síntomas, pero él tuvo que ser internado en el Hospital del Mar de Barcelona, donde requirió de cuidados intensivos. Sus primeros malestares eran similares a los de la gripe, pero prontamente se le sumó una fiebre muy alta y una debilidad corporal, para posteriormente, costarle respirar. En cuestión de días ya no podía caminar ni respirar por su cuenta, por lo que tuvo que ser entubado.

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Fueron 114 días los que estuvo en la UCI con el ventilador mecánico, tiempo en el que su vida se encontró constantemente en peligro. El riesgo de morir por un colapso pulmonar siempre estuvo presente, pero tras haber superado esos casi 4 meses, Joan logró poder respirar por su cuenta. Dejó de necesitar el respirador y después mucho tiempo, empezó a recuperar su sonrisa.

Finalmente, como premio a su perseverancia y a todo el tiempo que sufrió encerrado entre las cuatro paredes de su hospital, Joan fue trasladado a la orilla de la playa, para ver el sol posando en el mar. Una terapia merecida y necesaria, después de tener que soportar días tan difíciles. “Para nosotros es una inyección de moral, un impulso”, dijo Jaume Soler, el hermano de Joan, a Reuters. Familiar que tuvo que bajarse la mascarilla para que este paciente COVID-19 pudiera leer sus labios, ya que perdió la audición debido a la meningitis cuando era un bebé. Estar con la familia y con esa vista, le ha servido a muchos pacientes del Hospital del Mar de Barcelona para dar un último esfuerzo.

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