Por Alejandro Basulto
30 agosto, 2019

Trabajaba en una fábrica de pastas, de la cual lo echaron porque junto a sus compañeros, iban cada semana a entregar los ravioles que les daban por convenio.

«Son las 5 de la mañana, estoy tomando mate y tratando de entender ¿por qué me despidieron? Llegué a la empresa de pastas donde trabajo hace 6 años. Me cambié, fui al comedor a tomar un café antes de comenzar la jornada, se me acerca un compañero de vigilancia y me comunica que no entre, que el señor Alejandro García, de RRHH, le había dado la orden de que no podía entrar»

Así inició la declaración en su Facebook, Osvaldo Gerardo Scavone. Un argentino que le dedicó 6 de sus 62 años a la empresa de pastas D’ Agri en la que trabajaba, de la cual fue despedido de manera injustificada. La tristeza de su despido caló hondo. Entre sus familiares, amigos y las distintas personas que él había ayudado a lo largo de su vida, solo cabía la pena y la desolación. Un buen hombre, un correcto trabajador que cumplió siempre con las ocho horas diarias, se encontraba ahora sin empleo y sin sustento para su familia.

Osvaldo Gerardo Scavone

Y la tristeza por su despido, cruzó fronteras tras que se supiera la razón: lo habían echado del trabajo debido a que él junto a sus compañeros juntaba cada semana los ravioles que la empresa les entregaba como convenio, con la finalidad de repartirlas en los comedores barriales, los cuales recientemente y lamentablemente están en auge, debido a la crisis económica que azota al país trasandino.

Por su empatía y solidaridad con los más carenciados, hoy se encuentra sin empleo, sin poder recibir un sueldo que permita costear los gastos de la familia, y sin olvidar, que además, se quedó también sin los recursos para ayudar a la gente que recibía de su cooperación.

Osvaldo Gerardo Scavone

«Es una industria de pasta que fabrica marca propia y para marcas importantes del mercado. Por convenio, nos dan 2 kilos de pastas por semana. Al principio, a los míos los donaba a los cartoneros que pasaban por casa, pero cuando vi que varios compañeros no se llevaban sus 2 kilos, y ante la difícil situación que se vive en el país, les pregunté si no querían donarlos a un comedor en vez de regalárselos a la empresa»

– relató Osvaldo en su Facebook, en una publicación a la que tuvo acceso Revista Crítica.

Osvaldo Gerardo Scavone

Llegó a hacer donaciones de 20 kilos cada 15 días, y cuando no llegaba a esa cantidad con lo que le entregaban sus compañeros, él mismo ponía dinero de su bolsillo para comprar más ravioles. Pero un día compartió una publicación en la que sale donando los ravioles, la que fue vista por el personal de Recursos Humanos de la empresa, despidiéndolo por ello. Entre lagrimas y sentimentalmente quebrados, vivió este despido con su esposa Stella. Pero no se arrepiente de dar una ayuda a los más necesitados, cuando empresas insensibles como en la que trabajó, hacen lo contrario.