Por Alejandro Basulto
14 enero, 2020

Con lupus y un bebé de 11 meses, Celeste Becerra se encontraba en una de las situaciones más difíciles que podría enfrentar una mujer.

La solidaridad se puede encontrar en todos los rincones del mundo y se puede expresar de una infinidad de maneras. Se trata de uno de los valores y virtudes más apreciados y valorados al momento de las relaciones humanas y de generar sociedades sanas y unidas. Una simple acción altruista por parte de una persona o grupo, puede cambiarle la vida a otro individuo, familia o hasta a la comunidad por completa.

Diario de Cuyo

Y en esta ocasión la beneficiada fue una mujer, una mamá soltera, enferma con lupus y que fue víctima de violencia de género. Viviendo en San Juan, Argentina, y con todo esos factores de vulneración y tristezas, el futuro de Celeste Becerra no parecía ser muy alentador. Y así era, hasta que aparecieron nada menos que sus vecinos a cambiarle su presente y lo que vendrá. 

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Con la solidaridad por delante, quienes la ven día a día pasar a hacer las compras en el barrio, acudieron hacia esta joven de 26 años, madre de una bebé de 11 meses, que debido a su situación económica y social llena de carencias, se encontraba viviendo con su mamá en una habitación, en la que dormían las tres juntas en una cama matrimonial. Ellos querían e iban a cambiar a esto. Le iban a cumplir a Celeste el sueño de tener su propio espacio personal.

«Se enteraron de todo lo que me pasó y decidieron ayudarme a construir [en el mismo terreno donde vive su mamá, en la Villa Jofré, en Santa Lucía] una pieza para que pueda dormir con mi hija (…) Cuando me fui de la casa de mi expareja mi mamá me recibió con mucho amor, pero el lugar es muy pequeño. Dormimos las tres juntas en una cama, porque ella no tiene más»

– contó Celeste al Diario de Cuyo.

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Su ex pareja tiene una orden restricción, porque aunque ella no viviera con él, este sujeto cada vez que la veía en la calle la golpeaba. Y a esta situación de vulneración se le suma que por su lupus ella no puede trabajar. Un contexto demasiado adverso, que está pudiendo superar gracias a la solidaridad de sus vecinos y de su madre, quien a veces la debe llevar al baño y ayudarle cargándole a su hija.

«No puedo explicar lo que sentí al ver la habitación terminada. Mi mamá había hecho una pared y parte del piso, porque ahí iba a construir un baño, pero ahora me dio eso para que sea mi pieza y la de mi hija. Ahora sueño con poder tener un trabajo y poder darle a mi bebé una mejor vida”

– contó también Celeste.

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También es hermosamente rescatable, que para esta gran obra solidaria, no fueron solo adultos los que construyeron su nueva casa, sino que también, ayudaron tres adolescentes: Mateo, Fabricio y Facundo, quienes mostraron que las futuras generaciones de hombres pueden superar a sus antecesores en cuanto a su trato con el género femenino. Esperemos que así sea.

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