Por Katherine Gallardo
17 Julio, 2017

Suena como el paraíso de los pezones libres, pero la verdad es que vas a extrañarlos.

No me costó mucho aceptar el desafío, porque tengo mi discurso liberal bien aprendido y mal que mal, ¿qué tiene de malo una semana entera y estricta de no usar sujetador? ¡Nada -pensé- #FreeTheNipple! Mi sorpresa fue que en la práctica, la libertad de mis pezones me enseñó mucho sobre la libertad de elección y gustos personales.

Día 1, lunes: ¡Libertad!

Mel Gibson interpretando a William Wallace en Braveheart y gritando ¡LIBERTAD! era todo en lo que podía pensar. Nada de elásticos, nada de presión, nada de alambres incómodos, sólo yo tal como cuando tenía cinco años. Me sentí genial. No lo extrañé ni necesité, mi euforia pudo mucho más.

Recordé la primera vez que usé sujetador y lo traumático que fue. Mi mamá me regaló un peto de Barbie a los 7 años y me dijo que debía comenzar a “cuidar lo que próximamente serían mis senos”. Yo, aún siendo y sintiéndome como niña, no entendí nada, sólo pensé en la novedad de mi outfit y lo sorprendidas que estarían mis amigas. “Son algo privado, no para andar mostrando, hija”. Claro, mamá…

Lo primero que hice al llegar al colegio fue contarle a todas mis amigas que andaba con “sujetador de Barbie” y todas querían verlo. Me las arreglé para sacármelo sin necesidad de levantarme la remera y listo, se los mostré. Una de de ellas me dijo “¡CÓMO SE TE OCURRE HACER ESO, ESO LO HACEN LA PROSTITUTAS!”. Así que tomé si sujetador de Barbie y me puse a llorar.

Día 2, martes: Ni te enteras de mi secreto

El incidente de mi “prostitución” que les comentaba en el punto previo no sólo me hizo llorar, sino que también me dejó una profunda vergüenza que me impidió contarle a mi mamá o a alguna profesora. No cuestioné nada, sólo me sentí “haciendo algo que hacen las prostitutas”. Pero cuando sequé mis lágrimas, decidí que esa amiga era una estúpida y que no quería volver a hablar más con ella. Sólo años después, me enteré de que además de eso, yo tampoco “era prostituta” por lo que hice. Dios, los niños a veces son tan crueles.

Recordar eso y andar ahora -demasiados años después- sin sujetador me hizo sentir triunfal. Tenía un secreto del que nadie se iba a enterar mientras no lo contara, y eso era al revés de cuando tenía siete años y mi primer sujetador, ahora andaba sin nada.

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Día 3, miércoles: Por favor, ¡cuidado!

Vamos a aclarar que mi experimento fue en invierno, por ende mucho más fácil de “tapar” que en otra estación del año en donde se pueden notar los pezones o transparentar la ropa. Por ende, nadie lo notaba, todos seguían tratándome como siempre. Por primera vez sentí que fue incómodo cuando me saludó un amigo y fue como abrazarlo… desnuda. Básicamente me sentí desnuda todo el día, y sentí la necesidad de “vestirme”. ¿Por qué? No tengo idea, no paraba de repetirme “es sólo un sujetador, es sólo un sujetador, estás vestida”.

Día 4, jueves: Es una cosa hormonal

Los días previos a mi periodo, el dolor y molestia en mis senos es algo con lo que he aprendido a lidiar. Por lo general, no uso sujetador el día de más dolor y fue justo este, por lo que no pensé que existiría una diferencia importante. Podrán pensar que sujetarlas es mejor para el dolor, pero no funciona así para mí. En mi caso, el remedio es que nada apriete e intentar estar lo más quieta posible.

Día 5, viernes: ¿Dónde está mi protección?

Me tocó cambio de casa, lo que olvidé por completo al iniciar mi experiencia. No pensé que fuera tan grave, hasta que me tocó tomar un par de cajas que no tuvieron ninguna consideración con mi cuerpo. Dolió varias veces, ¡estuve a punto de fallar!

Día 6, sábado: Ojalá no moverse

Amo bailar, aunque no necesariamente de noche, en una fiesta. He ido a academias de baile y lo hago desde que tengo seis años, por ende conozco todos los pasos para hacer una rutina y coreografía en mi hogar. Lo intenté, fue tan incómodo que decidí no cruzar “mi experimento” con alguna salida forzosa de noche. Si bailar sin nada iba a ser así de incómodo, qué mejor excusa para quedarse en casa comiendo y viendo algo en Netflix.

Día 7, domingo: Se siente bien estar en casa

Pasé todo el día pensando en el momento en que terminaría esta travesía y cuando pasó, me sentí bien. Sentí una rara y superficial sensación de protección, que me llevó a pensar que la vida con los pezones libres es buena, pero que a veces necesito mi sujetador regalón. Que es algo personal y ojalá tener todas las opciones disponibles, que cada una decida lo que es más cómodo.

Conclusiones

Sigo sin entender por qué un pezón es un gran tema. Los hombres los tienen y a veces se les notan más que a nosotras. Sí es verdad que los nuestros tienen más sensibilidad y, en caso de ser madres, serán funcionales. Por la misma razón, jamás debieran ser vistos como “grotescos”, sino como fuente de gran poder y sabiduría.

Cualquier conclusión que pueda haber sacado, será muy distinta con alguien de una talla no-promedio. Yo estoy en 32B y creo que por lo mismo, no tuve tantos problemas. Pero, ¿qué pasaría con alguien de talla D? ¿Será mucho más incómodo? ¿Será posible? No perderé la oportunidad de preguntar en cuanto pueda.

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