Por Pamela Silva
29 septiembre, 2017

Se masturbó por 10 minutos ahí mismo, rodeada de sus compañeros de trabajo.

Jenny estaba en la oficina, sentada en su escritorio cuando su jefe salió a almorzar. En ese momento sintió un impulso sexual intenso y la necesidad urgente de tocarse así misma fue tanto que ni siquiera logró ir al baño como solía hacer, sino que se masturbó ahí mismo rodeada de sus compañeros de trabajo.

Se tocó durante unos 10 minutos hasta que llegó al orgasmo.

“Si no me hubiese masturbado en ese momento, no sé qué habría hecho. En vez de ir al baño, me gustó la idea de que las personas podrían atraparme en cualquier segundo”.

-Jenny (no es su nombre real, fue cambiado para proteger su identidad).

Durante un tiempo Jenny pensó que simplemente le gustaba mucho el sexo, pero cuando cumplió 31 años y comenzó su relación con una pareja nueva, se dio cuenta de que lo que tenía era pasaba del umbral de simplemente “gustarle” para ser una obsesión.

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No se tiene una causa conocida para la adicción al sexo, y hay muchos doctores que aún no la reconocen como una obsesión de carácter psicológico sino que como  un rasgo borderline. Aún así, se cree que viene de traumas o abusos de la infancia o adolescencia.

La adicción al sexo provoca impulsos sexuales que aparecen en cualquier momento y que las personas que lo sufren no son capaces de controlar. Para Jenny todo comenzó a los 17 años cuando pensando que no era capaz de llegar al orgasmo, compró su primer consolador.

“Recuerdo encerrarme en mi cuarto un día, acostada en mi cama y estar determinada a correrme. Cuando lo hice la primera vez, se sintió increíble. Desde entonces, tengo una rutina de usar mi vibrador cinco o seis veces al día”.

-Jenny.

Para ella, sus problemas vienen de que perdió a su madre y muchos miembros de su familia muy joven, quedando a cargo de su padre, quien para soportar el duelo se relacionaba con prostitutas y strippers que llevaba a la casa. Jenny asegura que su padre hizo que le restara importancia al sexo.

Cuando Jenny conoció a su actual novio, él llevaba seis meses de celibato en su terapia para superar su adicción al sexo. Todo se desmoronó cuando la conoció y ambos comenzaron a frecuentar los clubes sexuales muy habitualmente, gastando más de 2 mil euros sólo en entradas.

“La primera vez que fui a un club sexual estaba nerviosa. Cuando entré había una mujer acostada en una mesa con seis hombres diferentes masturbándose sobre ella mientras ella hacia una mama. Pensé que era hermoso”.

-Jenny.

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Desde entonces Jenny y su pareja pasaban días enteros, si podían, en clubes sexuales y fiestas swingers, participaban en orgías, en la escena BSDM y disfrutando la humillación pública. Explica que sus vidas giran en torno al sexo, han dejado de ver a amigos y compartir en eventos sociales para tener tiempo de tener más sexo.

Sin embargo, ahora Jenny se enfrenta a un problema: Tiene esclerosis múltiple. Y aún cuando ha tenido varias crisis dolorosas, sigue teniendo sexo aún cuando perjudique aún más su condición. De hecho, está “frustrada porque no puede tener más sexo”.

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